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Jorge Viveros Pasquel
Por su cercanía y fuerte relación comercial con Estados Unidos, a México siempre le convendrá más que la economía estadounidense prospere en lugar que lo hagan otras regiones o países como China o Europa. No es un secreto que USA es nuestro principal socio comercial, con quien compartimos una de las fronteras más transitadas del mundo y con quien tenemos acuerdos comerciales de gran calado e importancia, como el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En contraste, la relación comercial de México con China, por ejemplo, es mínima en términos de exportaciones, ya que a este país asiático le vendemos una cantidad insignificante de productos en comparación con lo que exportamos a Estados Unidos. De ahí que cualquier medida que afecte la economía estadounidense inevitablemente tendrá repercusiones en México, tanto positivas como negativas, dependiendo de la naturaleza de dicha medida.
Sin embargo, a pesar de que una política económica estadounidense puede tener consecuencias en México, no encuentro argumentos sólidos por parte de expertos creíbles que sostengan que los aranceles impulsados por Donald Trump sean benéficos, ni para Estados Unidos ni para la región de América del Norte en su conjunto. La lógica proteccionista de Trump se basa en la idea de que aumentar los aranceles a productos extranjeros, en particular a los chinos y asiáticos, incentivará la producción nacional estadounidense y reducirá su déficit comercial. No obstante, esta visión ha sido ampliamente cuestionada por economistas y especialistas en comercio internacional, quienes han señalado que, en la práctica, este tipo de medidas suelen generar efectos adversos, como el encarecimiento de bienes y servicios para los consumidores y la disrupción de cadenas de suministro que afectan a las mismas empresas estadounidenses.
Desde el punto de vista de América del Norte como bloque económico, los aranceles de Trump tampoco parecen ofrecer ventajas claras. Aunque en teoría podrían alentar la reubicación de empresas chinas hacia México o Estados Unidos, en la práctica el impacto ha sido limitado y ha generado más incertidumbre que beneficios. Además, este tipo de medidas pueden desencadenar represalias comerciales de otras naciones, lo que terminaría afectando a las exportaciones estadounidenses y, por extensión, a las de México y Canadá, dada la interconexión de sus economías. En suma, las políticas arancelarias de Trump no solo han demostrado ser ineficaces en el pasado, sino que incluso han tenido efectos contraproducentes, encareciendo la producción y afectando la competitividad de la región en un mercado global cada vez más interdependiente.



