Elena Córdova Molina
Legislando Contigo
¿A quién no le ha tocado hacer fila para un trámite?
Pero no una fila normal.
Una de esas donde llegas de madrugada, con suéter porque hace frío, con un café en la mano, esperando que te toque ficha.

Hay personas que se forman desde las cuatro o cinco de la mañana.
Adultos mayores, madres con niñas y niños, personas que pidieron permiso en el trabajo y cruzan los dedos para que el trámite sí se pueda hacer ese día.
Y uno se pregunta: ¿de verdad no hay otra forma?
Cuando cosas así pasan, alguien tiene que decirlo en voz alta.
Alguien tiene que levantar la mano y decir:
“Esto no está bien”.
Eso es lo que yo he hecho muchas veces:
decirlo, pedir que se corrija, poner sobre la mesa lo que la gente vive todos los días.
También pasó con las casetas de las Altas Montañas.
Ya habían quitado una…
y luego querían poner dos.
Dos casetas significaban más gasto, más tiempo perdido, más corajes para quienes usan esa carretera a diario para trabajar, estudiar o llegar a casa.
Se dijo, se señaló, se pidió que no se hiciera.
Al final, no se pusieron. Y qué bueno.
Pero hay algo que casi nadie vio: esa petición, como muchas otras, se quedó guardada.
No porque no tuviera sentido.
No porque estuviera mal.
Simplemente porque nadie estaba obligado a revisarla.
Y eso también pasa con temas de salud.
Con el dengue, por ejemplo.
Con problemas que necesitan atención rápida, no después, no cuando ya es tarde.
Cuando una petición se queda en el cajón, el mensaje que se manda es muy duro: “tu problema puede esperar”.
Y la verdad es que no debería.
Por eso decidí proponer algo muy sencillo:
que las cosas no se queden guardadas.
Que cuando se levante la voz por un problema real, se atienda.
Que no se deje pasar el tiempo como si nada.
No se trata de pleitos ni de partidos.
Se trata de sentido común.
Porque los problemas no se archivan solos.
Los vive la gente.
Los vive quien hace fila.
Quien paga más.
Quien se enferma.
Quien espera una respuesta.
Y por eso, desde el lugar que hoy me toca, propuse una iniciativa para que esas peticiones tengan tiempos claros, para que no se queden olvidadas y para que los problemas que se señalan sí tengan que revisarse y resolverse.
Porque cuando las cosas se hacen bien, cuando se corrige a tiempo, la vida se vuelve un poquito más fácil.
Eso es lo que busco: que las decisiones no se queden en el cajón, que se conviertan en soluciones.
Porque los cajones son para papeles.
No para los problemas de la gente.



