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RYAN WEDDING, CAPTURA O ENTREGA?

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Carlos Miguel Acosta Bravo*

 Impronta

Ryan Wedding es un ex snowboarder olímpico canadiense acusado de encabezar una red transnacional de narcotráfico ligada al Cártel de Sinaloa, con cargos de tráfico de cocaína y asesinato,que operaba entre Colombia, México, Estados Unidos y Canadá y estaba en la lista de los 10 más buscados del FBI.

Versiones en medios mexicanos señalan que el secretario de seguridad Omar García Harfuch informó que Wedding “se entregó voluntariamente” en la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México.

En paralelo, funcionarios estadounidenses (fiscal general, director del FBI) y filtraciones a medios como Vanity Fair describen una “operación táctica de alto riesgo” con participación del Hostage Rescue Team del FBI y agentes de campo estadounidenses  en la noche del jueves en Ciudad de México.

Algunos reportes canadienses y de prensa estadounidense añaden que la detención ocurrió tras una negociación previa para su entrega, es decir, una mezcla entre operación y rendición negociada.

“No se entregó, fue arrestado(…) cualquier versión que el gobierno de México trate de difundir, de que se entregó, es inexacta”, expresó Anthony Colombo, abogado de Ryan Wedding, luego de que su cliente se declaró no culpable.

México insiste en el concepto de “entrega voluntaria” en la embajada estadounidense, subrayando un entorno administrativo-diplomático, cooperación y respeto a la soberanía, y evitando admitir presencia operativa directa de equipos tácticos estadounidenses en su territorio.

Voces en Washington, incluyendo declaraciones a Vanity Fair y a otros medios, subrayan una “aprehensión” y una operación de alto riesgo dirigida por el FBI, e incluso ligan al mismo equipo que participó en la captura de Nicolás Maduro, lo que refuerza la imagen de eficacia extraterritorial de Estados Unidos.

El propio embajador estadounidense en México Ronald Johnson habría matizado: habla de una “entrega voluntaria” pero como resultado de “presión” y de una “estrecha coordinación” entre autoridades de ambos países, lo que apunta a una construcción híbrida: presión operativa y política que desemboca en una rendición negociada.

Para el gobierno mexicano, afirmar una entrega voluntaria en la embajada, sin detallar acción armada conjunta, protege la narrativa de control de su territorio y de que cualquier presencia estadounidense se da en un marco de cooperación y no de acción unilateral encubierta.

Esta narrativa es especialmente relevante en un contexto de críticas internas sobre el grado de injerencia de agencias de seguridad de Estados Unidos (DEA, FBI) y del uso político de casos de alto perfil ligados al cártel de Sinaloa.

La rapidez del traslado de Wedding a Estados Unidos y la falta de detalle público sobre órdenes de cateo, participación de fuerzas mexicanas o tiempos procesales alimenta la percepción de opacidad y la sospecha de que hubo una operación conjunta más intrusiva de lo que se admite oficialmente.

En otros casos (como detenciones de capos mexicanos de alto perfil), la narrativa oficial suele enfatizar despliegues de fuerzas nacionales, órdenes judiciales y comunicados detallados; aquí, en cambio, el énfasis es en la “entrega” en una embajada y la cooperación general, dejando fuera el relato fino de la operación.

Para el FBI y el Departamento de Justicia, presentar el evento como captura táctica refuerza la imagen de capacidad para alcanzar a líderes de organizaciones transnacionales, con impacto interno en la política de seguridad y en la narrativa de “ningún fugitivo está fuera de nuestro alcance”.

En Canadá, donde Wedding es un ciudadano acusado de convertirse en un “El Chapo moderno”,y por el cual había una recompensa del gobierno estadounidense de 15 mdd, la narrativa de una operación eficaz que por fin logra detenerlo tras más de una década prófugo es políticamente rentable para mostrar colaboración trilateral y respuesta frente al crimen organizado que opera en Norteamérica.

Al enfatizar que el Hostage Rescue Team del FBI actuó en México y que hubo una negociación intensa, la versión estadounidense eleva el perfil del caso al nivel de operación de élite, comparable a otros golpes simbólicos como el operativo contra Nicolás Maduro, con un claro mensaje disuasivo hacia otros capos.​

El choque de narrativas no implica ausencia de cooperación; al contrario, casi todas las fuentes coinciden en que hubo coordinación estrecha entre autoridades mexicanas y estadounidenses, aunque discrepen sobre el grado de protagonismo operativo de cada lado.

La doble versión sugiere un arreglo político, por un lado México se reserva el discurso de entrega voluntaria (para no reconocer públicamente operaciones tácticas extranjeras), mientras Estados Unidos maximiza el valor propagandístico de la captura para su política interna y su agenda contra el narcotráfico transnacional.

En la práctica, el caso Wedding se convierte en símbolo de un modelo de cooperación “de alta intensidad” donde: se ejerce presión conjunta, se negocia la rendición, se realiza una operación encubierta o semicubierta, y luego cada gobierno acomoda el relato a sus sensibilidades domésticas sobre soberanía e injerencia.

En síntesis, más allá de si hubo “captura” o “entrega voluntaria” en sentido estricto, el episodio revela un patrón de cooperación asimétrica: fuerte dependencia operativa mutua, alta sensibilidad política sobre presencia de agentes extranjeros en México y, por ello, construcción cuidadosa de narrativas divergentes para consumo interno en ambos países.

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cacostabravo@yahoo.com.mx

*Maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte de CDMX.