Carlos Miguel Acosta Bravo
Impronta
La constante aparición de la presidenta Claudia Sheinbaum en sus mañaneras para defender a funcionarios de su gabinete, estatales y del Poder Judicial, afecta la percepción de autoridad y liderazgo, si se percibe como una “defensa activa” de errores o decisiones impopulares, en vez de un ejercicio de conducción política de alto nivel.
Cuando la titular del Ejecutivo dedica buena parte de la mañanera a desmentir versiones, aclarar licencias o proteger a funcionarios con poco sustento factual (como la defensa con una imagen cuestionada por proceder de la IA), la percepción que se proyecta es de una Jefa de Estado que “baja a la trampa” y se convierte en participante directo de la política de patio, en lugar de mantener la figura distante de la institución.
El efecto en la imagen presidencial puede generar la impresión de que su gobierno no cuenta con fuertes mecanismos de control interno, que la responsabilidad se centraliza en ella y que no se exige autocrítica o solución desde el área respectiva, lo que ofusca su propia figura de autoridad técnica y de Estado.
Apoyar públicamente a gobernadores como Marina del Pilar Tapia en temas polémicos (como visa o seguridad) puede fortalecer la lealtad intra morenista, pero también plantea riesgos: si la gobernadora se ve opacada por un escándalo, la defensa presidencial puede ligar directamente a la propia Sheinbaum la gestión cuestionada.
Además, si la defensa se basa más en argumentos políticos (“no hay investigaciones”, “son ataques mediáticos”) que en evidencia clara y transparencia (datos oficiales, informes, auditorías), la imagen de la presidenta puede volverse dependiente de la supervivencia de esos funcionarios, lo que la hace más vulnerable a futuros escándalos.
El respaldo explícito de Sheinbaum a la compra de camionetas blindadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación para los nuevos ministros y a su argumento de “herencia de chatarra”, lejos de alejarla de la polémica, la arrastra directamente a la controversia. La percepción generalizada de excesos en el Poder Judicial, reforzada por el contraste de blindajes y declaraciones de privilegios, se traslada hacia el Ejecutivo cuando la presidenta aparece como garante de esa decisión.
Aunque ha intentado relativizarla mostrando antiguos privilegios (restaurantes, salarios, obsequios), la fiscalización pública sigue centrada en la actual adquisición, y la defensa desde la mañanera puede aparecer como una justificación de gastos que no se explicaron con claridad en el momento de la compra.
Cuando la defensa de funcionarios se basa en afirmaciones generales, ironías o en mostrar una sola imagen (como en el caso de la foto de Ryan Wedding), el riesgo es que la crítica se centre en la ausencia de argumentos sólidos, documentación verificable o transparencia.
El problema de la defensa con poca evidencia radica en que en lugar de presentar expedientes, auditorías o rendiciones de cuentas, la respuesta es una imagen única, una denuncia penal o una acusación de “fake news”, la imagen de la presidenta puede verse como “defensiva” más que “autoritaria”, lo que puede alimentar la percepción de que protege a su equipo antes que a la institucionalidad.
Desde el punto de vista institucional, el gabinete debe proteger a la figura de la titular, no al revés: los funcionarios deben actuar con criterio, transparencia y responsabilidad para que la presidenta no tenga que intervenir en cada polémica.
Cuando la presidenta pasa parte de la mañanera resolviendo crisis de gabinete, se difumina su rol de planificación estratégica, política exterior, macroeconomía y Estado de derecho, y se la percibe como una “jefa de equipo” peleando marcaje con la oposición y los medios, en vez de como la cabeza del poder Ejecutivo.
La defensa de funcionarios fortalece la lealtad interna y envía señal de apoyo a la 4T, pero tiene un costo político: si se repite mucho y con poca profundidad técnica, puede erosionar la imagen de eficacia, austeridad y Estado de derecho.
Para preservar su imagen, la presidenta necesitaría que su equipo tomara más decisiones con sustento, rendiera cuentas antes de que la polémica explote y diera la apariencia de que la titular no depende de batallas cotidianas, sino de que la institucionalidad funcione.
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*Maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte de CDMX.






