Felipe de Jesús Fernández Basilio

Desde a Janela

A la presidente de México le vendría bien ser llamada “La Dama de los Trenes” y es que ha tenido una suerte bárbara para que se le siniestren esos medios de transporte.

Puede argumentarse en su favor que ella no ha provocado las tragedias que han ocurrido en sus mandatos local y federal, el Metro de la Ciudad de México y el Tren Interoceánico debido a que fueron administraciones previas a la suya las que generaron las causas para que se produjeran los accidentes.

Más en donde ya no tiene excusa alguna y, no solo eso, sino que es plenamente responsable de lo ocurrido es cuando se convierte en cómplice de los que, por su corrupción, provocaron las catástrofes y esa complicidad se pone de manifiesto cuando hace todo lo posible para ocultar las causas que provocaron las desgracias con tal de proteger a sus correligionarios.

Y sí, la conducta de Sheinbaum es aún más censurable debido a que se trata de una científica con grado de doctorado y que, por esa misma razón, debe de conocer las leyes de la ciencia y que, una de ellas enuncia que toda causa tiene un efecto y también debe de saber perfectamente que conocer detalladamente y sin sesgos ideológicos o partidistas las causas, permite evitar efectos indeseados.

La ciencia se caracteriza por producir leyes inmutables y por no tener partido político alguno, es decir, la ciencia es igual para todos y politizar algo que tiene una explicación basada en el razonamiento científico es intentar desviar la atención y provocar nuevos accidentes debido a que permanecen las causas que los generan.

Me explico, al poner un chivo expiatorio, como en este caso es el pobre maquinista, a quien acusan de que iba a unos quince kilómetros por arriba de la velocidad permitida ocultando todas las fallas estructurales que tiene el Ferrocarril Interoceánico, lo que va a provocar es que tal vez pongan letreros con los límites de velocidad y que los demás maquinistas vayan aún más despacio, pero el riesgo de que se repita otro accidente va seguir igual de latente a que si siguieran yendo a más velocidad.

En cambio, si se hace una rigurosa investigación técnica a cargo de personal especializado en ferrocarriles y se reconoce con transparencia sus resultados, se sabría que los verdaderos responsables de la tragedia fueron quienes mandaron a construir la obra y quienes se encargaron de su ejecución.

Porque es bien sabido que ni las máquinas ni los vagones son nuevos (tienen varias décadas de existencia y fueron vendidos por resultar obsoletos en sus lugares de origen), que el trazo de la vía del tren es el mismo que ya existía desde el porfiriato y que para los estándares de la época era ideal mas no para vehículos modernos, los que naturalmente requieren de otras especificaciones y eso se le suma que el balastro utilizado es de muy baja calidad y que, para colmo de males, las máquinas no cuentan con velocímetro.

Es decir, la obra en su conjunto es una porquería, chambonada o como le quieran llamar y quienes la mandaron a hacer y/o la ejecutaron irresponsablemente jugaron con las vidas de miles de pasajeros que esperaban que la utilizaran.

Pero más allá de lo deseable que sería ver a los López y a sus cuates, a los militares y a todos los que causaron tan grave daño respondiendo por sus acciones, lo importante es reconocer que esa obra pública no sirve y saber si es viable realizar una reparación integral de la misma o de plano cancelarla; porque, no hay que olvidar, la salud y la vida de mucha gente depende de la decisión que se tome.

 Precisamente por eso resulta criminal la manera en que Sheinbaum actúa con tal de proteger a los verdaderos responsables y no es la primera vez que lo hace, ya que justamente actuó bajo el mismo patrón cuando se le cayó el metro en la Ciudad de México, en donde con tal de proteger a Ebrard, a su gente e incluso a la de ella misma (como la entonces directora del metro) se atrevió a desechar un peritaje imparcial que ella misma mandó a hacer en el extranjero.

Obviamente, el Sistema Colectivo Metro sigue igual, sin mantenimiento, debido a que no se reconoció nunca que esa fue la causa de su siniestro e igual a como sucede ahora mismo, la responsabilidad por lo ocurrido quedó en algún obrero como chivo expiatorio.

Por ello es que hay que reprochar enérgicamente la conducta criminal en que incurren la presidente y su fiscal, ya que con sus acusaciones ridículas provocan que la gente continúe sufriendo los mismos riesgos de perder la vida o ver afectada su salud  de un modo irreparable.

felfebas@gmail.com

X: @FelipeFBasilio