Elena Córdova Molina

Legislando contigo 

Hoy no quiero empezar con cifras.

Quiero empezar con recuerdos.

Con los pasillos fríos de un hospital.

Con las horas que no avanzan.

Con esa mezcla de esperanza y miedo que se te instala en el pecho cuando escuchas la palabra cáncer.

Yo sé lo que es eso.

Lo viví con mi mamá.

Y desde entonces, cada 4 de febrero, el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, no es una fecha más en el calendario. Es una herida que recuerda, pero también una causa que empuja.

Porque hay causas que no eliges… pero que, cuando te atraviesan, se vuelven motor.

Esa es una de las razones que más me movieron a mí a llegar al Congreso.

Y por eso, como diputada, lo primero que presenté fue una iniciativa para el cáncer infantil.

Es desafortunado que, al día de hoy, siga sin aprobarse.

Pero eso no me detiene. Al contrario, me recuerda todos los días por qué es necesario insistir.

Porque cuando una familia recibe ese diagnóstico, la enfermedad no llega sola.

Llega acompañada de gastos imposibles.

De viajes urgentes.

De estudios que no hay.

De medicamentos que no existen.

De aparatos que no sirven.

Y entonces la gente empieza a hacer lo impensable: vender lo poco que tiene para intentar salvar a quien ama.

He visto familias vender terrenos, coches, joyas, herramientas de trabajo. He visto a madres y padres hipotecar su futuro para comprar días de vida.

Eso no debería pasar.

Y, sin embargo, pasa todos los días en Veracruz.

Pasa con niñas y niños con cáncer que no encuentran un tomógrafo funcionando, que no tienen medicamentos, que no reciben la atención oportuna que podría hacer la diferencia.

Pasa con mujeres jóvenes, de 35, 40 años, enfrentando un cáncer de mama sin saber cómo van a pagar estudios, tratamientos, traslados.

Pasa con adultos que no solo luchan contra la enfermedad, sino contra un sistema que no está preparado para acompañarlos.

Por eso siempre hemos hablado del cáncer infantil.

Pero también tenemos que hablar del cáncer en adultos.

Del cáncer de mama.

Del cáncer que golpea a miles de familias que quedan solas frente al miedo.

Y aquí es donde la política pública sí hace la diferencia.

En Jalisco y en Nuevo León, los buenos gobiernos han logrado algo que debería ser normal en todo el país: cobertura universal para el cáncer infantil.

En Nuevo León ya se legisló también para que exista cobertura para el cáncer de mama.

Y en Jalisco se está trabajando para que pronto sea una realidad.

Eso significa que, cuando llega el diagnóstico, la familia no tiene que preguntarse primero cuánto cuesta salvar a su hijo o a su madre.

Se preguntan cómo acompañarlos.

Esa es la diferencia entre un gobierno que reacciona y un gobierno que prevé.

Entonces la pregunta es inevitable:

¿Por qué esas cosas no llegan a Veracruz?

¿Por qué aquí todavía hay niñas y niños esperando estudios que no se realizan?

¿Por qué hay mujeres que detectan a tiempo, pero no pueden tratarse a tiempo?

El cáncer no espera.

Y la dignidad de las personas tampoco debería esperar.

Yo no puedo cambiar lo que viví con mi mamá.

Pero sí puedo convertir ese dolor en causa.

Porque nadie debería tener que vender su patrimonio para intentar salvar a quien ama.

Porque nadie debería sentirse solo frente a un diagnóstico.

Y porque en Veracruz, la lucha contra el cáncer no puede seguir siendo un acto de resistencia familiar… cuando debería ser una responsabilidad del Estado.