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Jorge Viveros Pasquel
La historia europea del siglo XX ofrece una lección incómoda pero necesaria para entender la realidad mexicana actual, antes de las dos guerras mundiales, Europa era un continente profundamente desigual. La riqueza, la tierra y el poder político estaban concentrados en minorías, mientras grandes masas urbanas y rurales vivían en precariedad, sin derechos sociales efectivos ni movilidad real. Esa desigualdad no solo generó pobreza, también produjo resentimiento, polarización, radicalización ideológica y, finalmente, violencia a gran escala ¿les recuerda algo?. Las guerras no fueron únicamente choques entre naciones, fueron la expresión extrema de sociedades fracturadas que habían perdido cohesión interna.
Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, Europa comprendió algo esencial, que la estabilidad no se logra solo con control militar (al estilo Calderón), sino con cohesión social, con políticas de redistribución, expansión de derechos laborales, acceso universal a salud y educación. Reducir la desigualdad era una condición para evitar nuevas explosiones de violencia y el resultado fue claro, Europa combinó crecimiento con reducción de brechas sociales y logró niveles inéditos de estabilidad interna y bienestar social.
En México, durante muchos sexenios, la desigualdad alimentó economías criminales que ofrecen altos ingresos, falsas identidades y poder donde el Estado llega de forma fragmentada. El crimen organizado no es solo un fenómeno delictivo, es también un síntoma de exclusión prolongada. La violencia no nace únicamente de la maldad individual, sino de estructuras que normalizan la falta de oportunidades y la desigualdad extrema. Europa entendió, después de millones de muertos, que la represión por sí sola no resuelve la violencia estructural. Mexico entendió después de 35 años de Neoliberalismo que sin bienestar social, sin educación y sin integración la paz y la seguridad son frágiles.
La analogía no es perfecta, pero es clara; Europa no se estabilizó cuando ganó guerras, lo hizo cuando redujo desigualdades. México no logrará una paz duradera solo con operativos militares, tampoco solo con crecimiento económico. La estabilidad real en México está requiriendo de cerrar brechas, reconstruir cohesión social y ofrecer horizontes legítimos de vida. La historia europea no es un espejo exacto, pero sí una advertencia. Las sociedades profundamente desiguales siempre pagan un precio alto. La diferencia está en si lo hacen a tiempo o después de una catástrofe mayor.



