Elena Córdova
Legislando contigo

Hay algo que escucho cada vez que salgo al territorio y platico con trabajadoras y trabajadores. No me hablan de ideologías ni de reformas constitucionales. Me hablan de cansancio. Del cansancio de salir de casa cuando todavía es de noche y regresar cuando sus hijos ya están dormidos. Del cansancio de trabajar seis días seguidos y sentir que el domingo apenas alcanza para recuperarse… no para vivir. Y entonces entiendo por qué este tema no puede esperar.

Desde hace más de diez años, en Movimiento Ciudadano hemos insistido en algo muy claro: una jornada laboral digna es un derecho, no un privilegio. Hoy el debate en el Congreso no es si debemos llegar a las 40 horas, eso ya nadie lo discute. El debate real es cuándo y cómo. Y ahí es donde la diferencia es evidente.

Hay quienes plantean que esta reducción llegue hasta 2030, de forma gradual, manteniendo un solo día de descanso a la semana. Y hay quienes creemos que no hay razón para seguir aplazando algo que millones de personas necesitan ahora. Por eso lo decimos sin rodeos: queremos 40 horas ahora, con dos días de descanso por cada cinco trabajados, con pago justo de horas extra y sin simulaciones. Porque no basta con decir que se reducen las horas si en la práctica la vida de la gente no cambia.

Y no estamos inventando nada. Países como Austria, Canadá, Chile o Corea del Sur ya tienen jornadas de 40 horas. En Francia, Países Bajos, Noruega o Italia incluso se trabaja menos de eso. Islandia demostró que reducir la jornada no baja la productividad, al contrario: mejora la calidad de vida y mantiene el rendimiento. Entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué en México seguimos discutiendo si la gente merece descansar?

Esto no es un debate técnico. Es un debate humano. Porque detrás de cada hora laboral hay una madre, un padre, un joven, una mujer, un hombre que tiene una vida que no puede seguir postergándose. Y desde Movimiento Ciudadano impulsamos esta causa por una razón muy sencilla: creemos en un país donde el trabajo no se coma la vida, donde el tiempo con la familia no sea un lujo, donde el descanso no sea un premio, donde la dignidad también se mida en horas libres.

El descanso no puede esperar hasta 2030. Porque los derechos no se programan a seis años. Se garantizan ahora.