Elena Córdova
Legislando contigo
Hay algo que escucho en cada recorrido por Veracruz. No importa si es en la sierra, en la costa, en una colonia popular o en una comunidad rural, la petición se repite: “Ayúdenos con la calle”, “Necesitamos el drenaje”, “Ese puente lo hemos pedido por años”. Y cada vez que lo escucho, pienso lo mismo: estas solicitudes no tendrían por qué llegar a una diputada si existieran mecanismos reales para que la propia gente decidiera en qué se invierte el dinero de su municipio.
Porque la ciudadanía sí sabe qué necesita. Lo vive todos los días. Lo padece todos los días. El problema es que nuestras leyes no garantizan que pueda decidirlo. Pagamos impuestos, pero no decidimos. Vemos el presupuesto, pero no participamos. Observamos obras, pero no siempre responden a lo urgente.
Y ahí es donde aparece una herramienta que en otras partes del mundo ha demostrado algo muy poderoso: cuando la gente participa en la decisión del gasto público, las obras sí responden a la realidad. Se llama Presupuesto Participativo. Nació en Brasil, se aplica con éxito en ciudades de México como Guadalajara y la Ciudad de México, y ha demostrado algo muy simple: escuchar a la ciudadanía no debilita al gobierno, lo fortalece.
Porque obliga a que la autoridad salga, dialogue, reciba propuestas por colonia, por comunidad, consulte y, después, ejecute lo que la gente decidió como prioridad. Eso es democracia aplicada al concreto, a la banqueta, al drenaje, a la calle que sí se usa todos los días.
Por eso presenté una iniciativa para que en Veracruz, por ley, al menos el 30% del presupuesto de obra pública municipal se decida bajo este mecanismo. No es un favor. No es buena voluntad. Es un derecho ciudadano. Y además, es una herramienta que fortalece la transparencia, la rendición de cuentas y combate la corrupción, porque cuando la gente decide y supervisa, el margen para hacer las cosas mal se reduce.
Hay una frase que me gusta repetir: no se puede hablar de democracia si no se escucha al pueblo. Y escuchar no es solo oír, escuchar es dejar decidir. Veracruz no puede seguir quedándose atrás en algo que ya funciona en otros lugares. Porque dar apoyos no sustituye la posibilidad de decidir cómo mejorar tu comunidad. Y porque, al final, el dinero no es del Ayuntamiento. Es de la gente. Y ya es momento de que la gente también decida qué hacer con él.



