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Elena Córdova
Legislando Contigo

El pasado fin de semana vivimos algo que, aunque no siempre hace ruido mediático, es profundamente importante para la vida democrática de Veracruz. En un espacio de diálogo y encuentro, impulsado desde la dirigencia estatal de nuestro movimiento, nos reunimos regidoras y regidores de Movimiento Ciudadano que hoy forman parte de los ayuntamientos del estado: 130 regidurías naranjas que se lograron en el pasado proceso electoral y que hoy representan causas, ciudadanía y contrapesos reales dentro de los Cabildos.

Fue, además, un espacio valioso para compartir experiencias, para escucharnos y para poner sobre la mesa lo que han significado estos primeros meses de trabajo desde las regidurías: los retos, los aprendizajes, las resistencias y también los primeros resultados. Porque cuando quienes representan a la ciudadanía dialogan, se acompañan y mantienen una comunicación abierta, se fortalecen y le va mejor a Veracruz.

Vale la pena decirlo con claridad: la democracia no se agota en quien gobierna. Se fortalece cuando el poder no se concentra, cuando existen voces distintas, cuando alguien pregunta, revisa, propone y defiende a la gente. Eso es exactamente lo que representan hoy nuestras y nuestros regidores. Un regidor no está para levantar la mano por costumbre; está para representar, vigilar, cuidar los recursos públicos y recordar que el Ayuntamiento le pertenece a la ciudadanía, no a una sola persona.

Por eso son tan importantes los regidores de oposición. Porque incomodan cuando hace falta, porque ponen sobre la mesa lo que otros prefieren callar y porque equilibran el poder. Pero también es importante decirlo: hoy Movimiento Ciudadano no solo tiene regidores en oposición. Tenemos presencia naranja en 39 municipios, donde además de regidores, los Ayuntamientos son encabezados por presidentas y presidentes municipales de Movimiento Ciudadano. Ahí se demuestra, con hechos, cómo funcionan los gobiernos naranjas cuando hay cercanía con la gente, decisiones abiertas y una forma distinta de ejercer el poder.

Me llena de esperanza ver que muchas de estas regidurías están integradas por personas jóvenes, con entusiasmo, preparación y una enorme sensibilidad social. El perfil es claro: cercanos a la gente, caminando colonias y comunidades, escuchando más de lo que hablan, entendiendo que el cargo no es un privilegio, sino una responsabilidad. No llegan a aprender a costa del municipio, llegan a servir desde el primer día.

Y algo más importante aún: el trabajo que hoy están haciendo estas y estos regidores abrirá paso a quienes vienen después. Porque cuando la ciudadanía vea cómo trabajan, cómo defienden causas y cómo se toman decisiones pensando en la gente, se abrirán nuevas oportunidades en más municipios. Así crecen los movimientos ciudadanos: con resultados, con congruencia y con confianza.

La democracia no se defiende solo desde las grandes tribunas. También se defiende en el Cabildo, en cada sesión, en cada voto razonado y en cada postura firme. Ahí, nuestras y nuestros regidores están dando la batalla correcta: la de representar a la gente, cuidar el poder y demostrar que otra forma de gobernar sí es posible.