Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde a Janela
En estos días existen conflictos armados por medio mundo, Rusia en contra Ucrania, Estados Unidos e Israel en contra de Irán, Irán en contra de todos sus vecinos y algunos países un poco más alejados, Pakistán en contra de Afganistán y hasta hace poco el mismo Pakistán en contra de la India.
Siendo el denominador común de todos y cada uno de estos conflictos armados el que ninguno es considerado como una guerra por parte de quienes participan en ellos.
Así es, en ninguno de estos casos ha existido una declaración formal de guerra ni tampoco el reconocimiento de que existe un estado de guerra entre los países beligerantes, a pesar de que en realidad se trata de guerras en toda forma.
Obviamente que todo esto se trata de una hipocresía por parte de quienes son los agresores, ya que al pretender denominar a la guerra como “operaciones especiales”, “ataques preventivos”, y un sinfín de nombres inventados para evitar activar alianzas, eludir controles constitucionales internos o no tener que padecer sanciones internacionales.
Esta práctica ha sido muy común desde el final de la Segunda Guerra Mundial y primero se justificaba porque alguna de las dos superpotencias de aquel entonces pretendía reafirmar su dominio en su zona de influencia sin entrar en combate formal en contra de la otra y así evitar lo que era más temido en aquella época, una guerra nuclear.
Y a ese periodo precisamente se le llamó la Guerra Fría debido a que, sin invocar el estado de guerra formal, se llevaron a cabo conflictos de media y baja intensidad y los choques entre las potencias fueron indirectos y en lugares lo suficientemente remotos como para evitar el choque frontal.
Una vez que terminó ese periodo con la indiscutible victoria de Estados Unidos debido a la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la práctica de no entrar formalmente en estado de guerra continuó y hasta la fecha existen invasiones, bombardeos y demás acciones bélicas realizadas fuera de los modos diplomáticos establecidos para llevarlas a cabo.
Y si en aquel entonces se medio justificaban debido al temor al choque de los colosos, ahora no hay razón alguna para hacerlo y menos aún, porque los conflictos surgen solo de la voluntad del hombre fuerte del momento.
Así es, ya atacar a otro ni siquiera se justifica como una razón de Estado con una exposición bien sustentada ante el congreso, el parlamento o la duma con la finalidad de tras una deliberación en el legislativo, obtener la aprobación para entrar formalmente en estado de guerra.
No, ahora la paz y la guerra dependen del pie con el que se levante un solo gobernante llámese Putin, Trump, Jamenei, Netanyahu, Modi quien sea; lo cual necesariamente nos lleva a pensar que el mundo está entrando en una época muy difícil, la cual se llegó a pensar que estaba superada.
Y esto se debe a que el mundo está involucionando hacia el autoritarismo en detrimento del constitucionalismo y precisamente la ausencia de declaraciones de guerra de acuerdo a las disposiciones constitucionales es la muestra de ello.
Muchos hablan de una crisis en el derecho internacional, lo cual no es cierto debido a que este siempre ha estado supeditado a la voluntad de los países más fuertes y eso está más que demostrado primero con el rotundo fracaso de la Sociedad de Naciones y ahora con la inutilidad manifiesta de la ONU, ya que las grandes potencias siempre la paralizan.
Por ello es que el deterioro de la paz mundial se debe a que cada vez se respetan menos las constituciones de los países, ya que sus gobernantes buscan y encuentran miles de pretextos para evitar el camino legal de una declaración de guerra; si las constituciones se respetaran, seguramente habría mucho menos conflictos armados, ya que la deliberación legislativa es lenta y puede llegar a ser muy exigente.
Por ello es mil veces preferible que haya gobiernos atrofiados debido a que tengan que someter sus decisiones a asambleas que verdaderamente representen a la pluralidad política de sus naciones a que existan gobiernos autoritarios con legisladores artificialmente a modo que solo aplaudan los caprichos de la persona fuerte del momento.
Si queremos vivir en un mundo mejor y dejarlo a nuestra descendencia, tenemos que decir sí al constitucionalismo plural y repudiar todo tipo de autoritarismo sin importar de qué signo sea.
FELIPE DE JESÚS FERNÁNDEZ BASILIO
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