Agustín Torres Delgado

Pa´Vivir A Gusto

Morena tiene miedo. No es una frase de oposición ni una exageración: es la lectura política de lo que hoy vemos en el país en algunos temas. El partido en el poder enfrenta una combinación de factores que desgastan su narrativa de invencibilidad y eso los lleva a reaccionar con intentos de blindarse en lugar de apostar por la apertura democrática.

En primer lugar; los problemas del Ejecutivo Federal frente a la coyuntura internacional: el regreso de Trump al centro del debate político en Estados Unidos, que solo ha reactivado las amenazas comerciales, migratorias y diplomáticas y que, sin duda, impactan directamente a México. Estar en la incertidumbre no es menor: inversiones en pausa, dudas sobre el futuro del T‑MEC y presiones en materia de seguridad y migración.

Ante ese escenario hemos visto a un gobierno mexicano más reaccionario que estratégico. Morena sabe que cualquier sobresalto externo puede convertirse en un costo interno. Saben que están perdiendo margen de maniobra.

En segundo lugar; la inseguridad y la violencia ligadas a la delincuencia organizada son, lamentablemente, una realidad cotidiana en todo el país. Lo hemos dicho antes: la escalada de violencia ha sido producto de una estrategia fallida que lleva dos décadas operando. Veinte años después, esa estrategia sigue sin ser la adecuada. Y posterior a la muerte de “El Mencho”, sabemos que lo que viene será complicado en el largo plazo. El partido en el poder sabe que la seguridad es un tema hipersensible en la sociedad y uno de los que más inciden en la opinión que se tiene sobre la eficacia de su gobierno.

En tercer lugar; la alternativa: Movimiento Ciudadano. Las elecciones de 2025 encendieron las alertas en Morena. Los números demostraron que en Durango, Veracruz y Puebla nos consolidamos como una opción competitiva frente a ellos y frente a la vieja política. Con resultados específicos, el mensaje fue muy claro: la gente ya no está atrapada en la lógica de las dos opciones que ofrecen el partido en el poder y los de siempre; hoy existe un espacio que crece y que puede disputar mayorías.

Ahí están sus verdaderos nervios: se han dado cuenta de que pueden perder la mayoría en ambas cámaras. Cuando un partido percibe que puede perder el control y diluirse, su reacción natural es: intentar modificar el tablero. La discusión respecto a la reforma electoral debe leerse bajo esa perspectiva. Claro que no es una preocupación genuina por perfeccionar la democracia; se trata de que no pierdan sus ventajas.

Claro que no les preocupa el dinero, les preocupa el poder. Si así fuera, estarían atendiendo las pérdidas por 6 mil millones de pesos en el Tren Maya y en los hoteles administrados por la Sedena a través de Grupo Mundo Maya, que recientemente documentó el periódico El Universal con datos oficiales. Vaya que son pérdidas.

Si les preocupa el dinero, ¿por qué nunca regresaron un peso de su financiamiento? En 10 años, Morena ha recibido 30,000 millones de pesos de financiamiento público y, aunque prometieron regresar el financiamiento en su fundación, no regresaron nada: ni un solo peso, incluyendo el fideicomiso del sismo de 2017. Tan solo en 2024, Morena recibió más de 8 mil millones de pesos, es decir, alrededor de 14 millones al día.

Claro que no les preocupa la representación; les preocupa perder su sobrerrepresentación, que les ha permitido impulsar cambios constitucionales sin necesidad de consensos.

Que hoy quieran cambiar las reglas porque los números ya no les favorecen es una señal clara de temor. Están entendiendo que su narrativa se desgasta y que su ciclo político no es eterno. Saben que la alternancia es una posibilidad real. Por eso buscan ajustar hoy el sistema electoral, antes de que el equilibrio en el Congreso cambie.

Si el partido en el poder promueve reformas que coinciden con su necesidad de conservar sus mayorías, la sospecha es inevitable. En democracia, las reglas deben estar diseñadas para garantizar una competencia sana, no para asegurar la permanencia.

La iniciativa de reforma electoral no se ha presentado hasta el momento en que escribo estas líneas y nadie la conoce. Movimiento Ciudadano no va a aprobar una reforma que se imponga desde el poder. Lo hemos dicho antes: presentaremos una propuesta propia. Tenemos una historia de propuestas concretas: reducir el costo de la democracia, apostar por los debates y estar en contra de la “espotización”. Nosotros creemos que una mejor democracia es la que más espacios abre para la deliberación.

Morena tiene miedo. Ese temor puede llevarle hoy a tomar malas decisiones.

Secretario General de Acuerdos

Movimiento Ciudadano