Elena Córdova

Legislando Contigo

Hay algo que deberíamos preguntarnos con honestidad cuando hablamos de democracia en México: ¿quién está tomando realmente las decisiones del país? Hoy apenas el 59% de las personas participa en las elecciones. Eso significa que casi la mitad de la población no está influyendo en el rumbo de nuestra nación. Y cuando una democracia se decide entre pocos, inevitablemente se debilita.

Por eso México sí necesita una reforma electoral. Pero no una reforma pensada para concentrar poder o para acomodar ventajas políticas, sino una reforma que piense en las personas y en cómo fortalecer la participación ciudadana. Desde Movimiento Ciudadano hemos presentado una propuesta que parte de una idea sencilla pero poderosa: más democracia y menos gasto. Más democracia significa ampliar la participación, abrir espacios para que más personas puedan decidir sobre el futuro del país. Por ejemplo, permitir que las y los jóvenes puedan votar desde los 16 años. Si a esa edad ya pueden trabajar, asumir responsabilidades legales e incluso pagar impuestos, también deberían tener el derecho de participar en las decisiones que marcarán el país donde vivirán.

También significa modernizar nuestro sistema electoral utilizando tecnología que facilite el voto, reduzca filas y permita procesos más eficientes y menos costosos, siempre garantizando la seguridad y la transparencia del sufragio. Pero hablar de democracia también implica hablar de seguridad. México no puede permitir que la violencia o el crimen organizado influyan en nuestras elecciones. Por eso planteamos fortalecer los mecanismos para impedir el financiamiento ilegal en campañas y cerrar cualquier puerta que permita que el dinero del crimen intervenga en la vida democrática. La democracia debe decidirse con votos, nunca con miedo.

Y hay algo que la ciudadanía tiene claro: la política en México es demasiado cara. Cada año se destinan miles de millones de pesos al sistema político y a los partidos, por lo que también proponemos reducir el financiamiento público, eliminar duplicidades dentro del sistema electoral y hacer más eficiente la organización de las elecciones. Se trata de cuidar la democracia, sí, pero también de cuidar el dinero de las y los ciudadanos. Porque una democracia fuerte no es la que gasta más, sino la que logra que participe más gente y la que coloca a la ciudadanía en el centro de las decisiones. México necesita una democracia más abierta, más participativa y más justa. Esa es la reforma electoral que proponemos: más democracia y menos gasto.