Salvador Muñoz
Los Políticos
La sorpresa fue por partida doble.
Primero, porque después de largo tiempo, José Manuel reaparecía por las oficinas. Tenía rato que no lo veían y más aún después del escándalo que se había tejido en torno a su persona. No hay certeza de que hubiera acudido a las oficinas del diputado con el que trabajaba y hoy está bajo licencia. Sólo lo vieron entrar… y ya. Ésa fue la primera sorpresa: verlo de nuevo.
Para algunos, todo parecía “normal”. No pasó nada… todo seguía igual… y cada quien continuó con sus labores como si la presencia del personaje no trajera consigo un historial incómodo.
La segunda sorpresa llegó por la tarde-noche. Más que sorpresa, fue un bombazo.
José Manuel había sido detenido luego de que se girara una orden de aprehensión en su contra por su presunta responsabilidad en el delito de acoso sexual, en agravio de dos víctimas.
¿Dónde? ¿Cómo?
Hay dos sospechas.
La primera: que fue detenido discretamente dentro del Congreso. Tejido fino por parte de las autoridades ministeriales.
La segunda: que lo esperaron a la salida y ahí, con la misma discreción, se lo llevaron.
Como haya sido, el hecho es que, a partir de este lunes, en el Congreso del Estado se puso la vara alta frente a conductas que siguen resistiéndose a ser erradicadas, no sólo en ese recinto, sino en cualquier centro de trabajo: el acoso sexual y laboral.
Porque lo de José Manuel no es nuevo.
Desde 2018 ya había sido señalado por agresiones contra una asesora de una diputada. Una historia que, aunque suene increíble, hasta la Legisladora parecía víctima. El poder que le daba saberse “protegido” por un sistema donde resulta más fácil mover a la víctima a otra oficina que actuar contra el agresor, le daba alas para insultar, amenazar y hostigar a asesoras y personal femenino.
Las quejas llegaron incluso hasta el entonces coordinador de la Junta de Coordinación Política.
Pero no pasó nada.
Porque era sindicalizado.
Como si el ser sindicalizado otorgara una especie de patente de impunidad para pasar por encima del Jucopo, de sus compañeras… y hasta de las leyes.
Ocho años después, el actual presidente de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista Hernández, fue claro en cuanto se enteró de lo que ocurría: puso un alto al sujeto y pidió a las quejosas denunciar.
Y hay que reconocer tres cosas:
La valentía de las denunciantes.
El respaldo del Jucopo.
Y el actuar de la Fiscalía.
Se insiste: Esteban Bautista deja la vara alta en cualquier dependencia.
Pero sería todavía más interesante que, en lugar de vara, saque la garrocha institucional y aterrice de una vez por todas el protocolo contra el acoso y hostigamiento sexual y laboral en el Poder Legislativo, un terreno donde el sindicato ha sido, históricamente, uno de los más reacios a que se cimiente.
Es seguro que muchas secretarias y asesoras, si bien ya reconocen el manotazo que se dio para detener las arbitrariedades de este sujeto, esperan algo más que un caso ejemplar… que José Manuel no sea un Detenido… que sea ya un Precedente…



