LIMONES, BALONES Y EL APOCALIPSIS DE 200 DÓLARES

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Julio Vallejo 

La delgada línea entre mi opinión y la tuya 

Hace un par de días desayunaba unos huevitos a la mexicana en esa fonda típica donde el «mijo» de las señoras sabe mejor que la comida. Entre el humo de las tortillas hechas a mano miré la televisión, donde ya se anunciaba el Mundial; paralelamente, escuché la sentencia de muerte del presupuesto familiar: «No pidan agua de limón, que está carísimo». Es fascinante cómo nos acostumbramos a que las tragedias empiecen por la guarnición.

A veces pecamos de optimistas pensando que lo que pasa en el Golfo Pérsico nos queda lejos, pero la realidad es que tu bolsillo —y el de las señoras de la fonda— ya está en terapia intensiva. Creemos que el subsidio a la gasolina es eterno, pero mientras el gobierno juega al «buen samaritano», enviando petróleo a Cuba junto con Rusia, el mundo real nos está preparando una sorpresa que ni el Mundial de fútbol podrá distraer.

Si el Estrecho de Ormuz se mantiene bajo llave, el barril de petróleo llegará a los 200 dólares. Es una cifra histórica, aterradora y, para ser honestos, un suicidio económico global. Por esa «tripa» de agua de apenas 33 kilómetros circula la quinta parte del petróleo mundial y gas natural licuado. Si esa arteria se tapa, no solo nos quedaremos sin limones; nos quedaremos sin economía.

En México vivimos en una «calma» de hospital psiquiátrico, mejor que el de Dinamarca: el ruido político llena las agendas mientras una sombra silenciosa devora la estabilidad global. Nos preocupa más quién ganará el próximo partido que el hecho de que esa diminuta franja de agua nos está poniendo un nudo en la garganta, que se aprieta con cada ronda del Mundial. Para cuando lleguemos a la final, el nudo probablemente ya nos habrá ahorcado, y el anhelado quinto partido ¿habrá llegado?

La pregunta no es si podemos pagar un petróleo caro, es si la economía global sobrevivirá a que le corten la yugular. Es momento de que la diplomacia deje de mirarse el ombligo y voltee a ver ese paso marítimo, antes de que el ego de unos cuantos nos pase una factura que ni vendiendo los estadios podremos pagar la deuda que nos deje.

¿Crees que esto sea fiebre mundialista? La respuesta es no. Pregúntenle a quienes vivieron el embargo de 1973; ahí solo faltaron 4 millones de barriles y el mundo se puso de rodillas. Hoy, cerrar Ormuz quitaría 20 millones de barriles diarios de circulación. Estamos hablando de un impacto cinco veces peor. En los 80, la “Guerra de los Tanqueros” ya nos enseñó que no hace falta cerrar el paso por completo; basta con que el seguro de los barcos suba para que tus limones  cueste lo que un iPhone. Pero claro, sigamos viendo el Mundial, que Messi y Cristiano nos van a llenar el tanque de gas emocional cuando el barril toque los 200 dólares.

Al final del Mundial, si la vida te da limones, dale las gracias… porque probablemente no podrás pagar ni el azúcar para la limonada.

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