Salvador Muñoz
Los Políticos
Cuando en Morena te ponen una encuesta sobre la mesa y, en vez de entusiasmo, te provocan arqueo de ceja, algo anda mal… o demasiado bien, si de lo que se trata es medir no al mejor, sino al menos incómodo. Porque eso pareció este fin de semana en Xalapa: no un ejercicio para ilusionar al electorado, sino un sondeo de opciones recicladas, recomendadas, brincapartidos, tribales o de grupo… como si la baraja estuviera diseñada no para enamorar al votante, sino para ver cuál de los cuatro genera menos muecas.
Los nombres en cuestión: Eleazar Guerrero Pérez, actual diputado federal; Tato Vega Yunes, subsecretario en Sedecop; Juan Vergel Pacheco, hoy en la banca política; y Toño Ballesteros, diputado local.
De Eleazar se sabe bastante… o demasiado. Al inicio del Morenato, fue subsecretario de Finanzas y su arribo a San Lázaro fue por la cómoda vía plurinominal. Es decir: diputación sin sudar urnas. Su nombre, además, inevitablemente remite a Cuitláhuac García, a los escándalos del nepotismo, al primo, al “primate” y hasta a la abuela de ambos si uno se descuida. Del PRI brincó a Morena y ahí ha navegado con singular soltura.
Tato Vega por su parte, parece una edición de bolsillo de Polo Deschamps. Su paso por la política ha sido más de mudanza ideológica que de victorias electorales: del PAN de los Yunes al PRI de Duarte, y de ahí, al Morena de Cuitláhuac para mantenerse hoy en el morenato de Nahle. Enterró un partido color rosa y la recompensa fue su cargo actual. Triunfos en las urnas, ninguno; capacidad para sobrevivir políticamente, comprobada. Algunos lo quieren vender como de la cuadra nahlista, aunque en realidad más de uno apunta que su padrinazgo tiene otro origen: Pedro Heces.
Juan Vergel Pacheco en cambio, tiene marca de fábrica más definida. Fue diputado local en el periodo 97-2000 y dirigente del extinto PRD, ocupó la dirección de Gobernación en el Ayuntamiento de Hipólito Rodríguez Herrero y su adscripción política parece no dejar lugar a dudas: huertista por donde se le vea, se le mida o se le escuche. En él no hay mucho misterio: su corriente lo explica casi todo.
Y luego está Toño Ballesteros, empresario (La Parroquia de Lázaro, lo mejorcito), ex regidor tercero del Ayuntamiento de Xalapa entre 2022 y 2024, titular entonces de la Comisión de Planeación del Desarrollo Municipal y hoy diputado local. Su sello de origen también parece claro: ahuedista de pies a cabeza, de arriba para abajo y de regreso. Si alguien busca en él una expresión propia, primero tendrá que despejar la sombra del grupo al que se le asocia.
Estos cuatro nombres salieron a relucir luego de que alguien muy aplicado durante el fin de semana, se diera a la tarea de lanzar una encuesta telefónica bajo el membrete de Equipo de Morena, para elegir entre ellos una opción rumbo a la diputación federal por Xalapa, curul que hoy ocupa Ana Miriam Ferráez Centeno. Y sí, muchos dan por hecho que por aquello de la alternancia de género, ahora tocaría varón.
La llamada decía así:
“Hola, muy buen día. Gracias por tomar esta llamada. Le saluda el equipo de Morena, y queremos conocer su opinión en una breve encuesta ciudadana. Le tomará solo unos segundos.
“¿A quién preferiría como candidato de Morena a diputado federal por Xalapa?
“Si su opción es Eleazar Guerrero Pérez, oprima uno.
“Si prefiere a Eduardo, Tato, Vega Yunes, oprima dos.
“Si considera a Juan Vergel Pacheco, oprima tres.
“Si su opción es Antonio Ballesteros, oprima cuatro.”
Ya en tono de vacilón, para el primer caso casi faltó que dijeran: “Oh Primo, oprima uno”.
En el segundo: “OprimiDos”, dicho por quienes han trabajado a su lado.
En el tercero: “Oh, Primate”.
Y en el cuarto: “Oh, PRI más 4T”.
En fin… uno supone que tanto el ciudadano como el propio morenismo conocen bastante bien a estos cuatro personajes. Por eso la sensación que deja esta encuesta no es precisamente de fortaleza, sino de resignación: como si la oferta fuera de lo malo a lo menos malo. Y si ése es el menú que hoy puede presumir Morena en Xalapa, ¿acaso no estaría de más abrir un poco el abanico, primero por respeto a sus propios militantes y luego por simple consideración hacia el elector?
Porque una cosa es levantar una encuesta para medir posibilidades… y otra muy distinta es terminar levantando, sin querer, una invitación para que el votante voltee a ver hacia otro lado.



