Salvador Muñoz
Los Políticos
Dicen que todos los caminos llevan a Roma… pero en Veracruz, los caminos de Ricardo Ahued parecen más bien veredas con baches, desvíos… y uno que otro “pero” atravesado como piedra en el zapato.
Sus bienquerientes –que no son pocos ni discretos– le dibujan tres rutas rumbo al 2030. Dos lo ponen en la antesala de Palacio… y uno más, en la cómoda –y peligrosa– silla del “mientras tanto”.
El primer camino lo coloca como candidato de Morena a la gubernatura en 2030. Suena bonito… hasta que los morenos de cepa se atragantan con el recuerdo: que si no estuvo en los chingadazos fundacionales, que si llegó cuando ya estaba tendida la cama, que si eso de la “meritocracia” no es discurso, sino fila… y en esa fila, dicen, hay varios con más callo, más cicatrices… y más derecho de picaporte.
El segundo camino es más de coyuntura que de destino. Ahued como relevo.
Escenario uno: que Rocío Nahle sea llamada al gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum. Premio o castigo, según el cristal… o el desastre electoral del 2027. Porque en política, los ascensos a veces huelen más a “quítate que estorbas” que a reconocimiento.
Escenario dos: que Nahle, en un arranque de optimismo –o fe ciega– busque la Presidencia a partir de 2029… para la precampaña. Pide licencia… y entra Ahued a calentar la silla grande de Enríquez. Gobernador interino con vista al parque Juárez… pero con fecha de caducidad.
El problema –porque siempre hay un maldito problema– es que la realidad no coopera.
Las encuestas más recientes, como las de Arias Consultores y Polls MX, le meten hielo al asunto. En ambas, Omar García Harfuch aparece como puntero indiscutible rumbo al 2030, seguido por Marcelo Ebrard. Nombres con peso, estructura y reflector nacional.
¿Y Nahle?
En Arias, apenas asoma con un decoroso –pero brutal– 0.8%. En Polls MX, ni aparece. Literal: ni en la lista. Invisible estadístico.
Así que ese escenario donde Nahle pide licencia para irse por la grande… suena más a guion de ciencia ficción que a ruta política seria.
Mientras tanto, la fauna política local –los Toss, los Ramos, los Aguilar Yunes, los Reyes, uno que otro cachorro bien recomendado y hasta Ernesto Pérez Astorga– ya hacen cuentas alegres: prefieren mil veces la candidatura completa que ser suplentes de temporada. Nadie quiere ser actor de reparto en una obra donde el protagonista nunca llegó.
Y el tercer camino de Ahued: ser el número dos… y quedarse como número dos.
Que no es poca cosa, pero tampoco es la gloria.
Porque hay un dato que pesa más que cualquier encuesta: en lo que va del siglo, en Veracruz, ningún “2” ha brincado directo al “1”.
Ni Miguel Ángel Yunes Linares con Chirinos.
Ni Nohemí Quirasco con Alemán.
Ni Reynaldo Escobar con Fidel.
Ni Buganza, ni Lagos, ni Flavino con Duarte –bueno, Flavino sí… pero en modo “apaga la luz y cierra la puerta”.
Ni Rogelio Franco con Yunes.
Ni Bola 8 con Cuitláhuac.
La historia, pues, no ayuda. Y la estadística… menos.
Así que la gran pregunta no es si Ahued tiene caminos. La pregunta es si alguno de esos caminos no termina, como suele pasar en Veracruz… en terracería.



