GRAVE CRISIS, Y NO SÓLO EN EL SECTOR SALUD

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Ana Rosa Valdés Salazar
En mi Opinión

​Más de 20 mil trabajadores de las once Jurisdicciones Sanitarias del Estado se mantienen en pie de lucha, en demanda de que se atiendan sus necesidades y las carencias que padecen 60 hospitales, además de 800 centros de salud, ubicados a lo largo y ancho del territorio veracruzano.

​Desabasto de medicamentos, de uniformes, de insumos, ya ni se diga de vehículos para trasladarse a sus servicios, así como a los pacientes.

​Pero también falta de personal médico, de enfermería, de adecuadas instalaciones hospitalarias que por lo menos acerquen a Veracruz, no a Dinamarca, sino que lo acerquen siquiera a lo que se tenía antes de la llegada de Morena al poder.

​El gobierno -si es que puede llamársele así- no responde, o responde con evasivas, como la Gobernadora Rocío Nahle, quien lanza el balón al IMSS Bienestar, porque ahora los centros hospitalarios del Estado operan bajo esa modalidad y a ella se transfiere, según afirma, -para sus salarios, uniformes, equipos, medicamentos- el 88 por ciento del presupuesto de salud que tiene Veracruz.

​Insiste la Gobernadora en que sus camionetitas de la salud contribuyen al abasto de medicamentos, pero la realidad y las quejas de los pacientes y sus familiares la desmienten, pues se ven obligados a comprarlos, porque en los hospitales y centros de salud no los hay.

​Esta crisis se veía venir desde que el anterior secretario de Salud de este sexenio, Valentín Herrera Alarcón, renunció al cargo tras semanas de protestas por la falta de pagos en el sector y, seguramente, para no arriesgar su bien ganado prestigio como cardiólogo en una administración que a menos de un año de iniciada ya empezaba a dar bandazos.

​Apenas hace cuatro meses que el personal de salud se manifestó en protesta por la entrega de bonos de fin de año -en despensas en lugar de efectivo- y por la falta de pago de retroactivos; previamente, trabajadores de la empresa de limpieza subrogada en los hospitales de Veracruz, LEIH, se manifestaron por la falta de pago de salarios (para resolver el problema el gobierno creó otra empresa, Limpiaver, y ahora los trabajadores de esta nueva empresa, muchos de los cuales laboraron para la anterior, se quejan de que empeoraron sus condiciones laborales: “continúan bajo presiones, sin contrato definido y con tareas ajenas a sus funciones”).

​En ese contexto -preludio de la actual crisis- se dio la renuncia del doctor Herrera Alarcón y se le sustituyó por la ex presidenta municipal de Las Choapas, Mariela Hernández García, ahora titular de un sector cuestionado desde que la Auditoría Superior de la Federación reveló un presunto desfalco de más de 2 mil millones de pesos por servicios no prestados, entre ellos los relacionados con la limpieza hospitalaria, al cierre de la administración de Cuitláhuac García.

​La nueva secretaria, por cierto, brilla por su ausencia ante el conflicto laboral que tiene paralizados a los hospitales y centros de salud de Veracruz, al grado de que su pasividad hizo estallar al secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, contra los funcionarios “ineptos que no están sirviendo… que están escondidos en sus oficinas”, cuando deberían “atender los casos en el momento y no esperar a que se le manifiesten en la calle a la gobernadora”.

​Ahued no precisó, aunque puede entenderse que se refirió al sector salud, pero su molestia y su crítica pueden deberse también a la alarmante incapacidad de otros servidores públicos que no pueden con el paquete de las dependencias que les encomendó la Gobernadora.

​Por mal ejemplo: los secretarios de Finanzas y Planeación, de Seguridad Pública; de Protección Civil y de Infraestructura y Obras Públicas, áreas neurálgicas de la administración y oriundos los cuatro, por cierto, de otras Entidades de la República y que están haciendo quedar muy mal a su jefa, quien solicitó al Poder Legislativo las dispensas de ley para nombrarlos en sus cargos sin ser veracruzanos.

​El de Finanzas embarcó a Rocío Nahle en la renegociación de dos créditos que incrementan el monto total de la deuda pública sin autorización del Congreso del Estado y a pagar en 14 años, plazo que excede en demasía la gestión del gobierno actual; el de Seguridad Pública no da una contra la delincuencia que ha implantado el terror en diversas regiones del norte, centro y sur de Veracruz; la de Protección Civil, pese a sus más de 7 años al frente de la dependencia, no termina de aprender sobre las acciones de prevención y de auxilio ante los embates de los fenómenos naturales; y el de Infraestructura todavía no ofrece a los veracruzanos una obra que valga la pena.

​Veracruz es un gran Estado, muy importante política y económicamente. Su pueblo es trabajador, noble y generoso y le ha dado a México políticos muy destacados: presidentes de la República, secretarios de Estado, procuradores, legisladores. Es un Estado de políticos, que cuando le sirven a Veracruz y a México lo hacen con entrega y amor a la tierra que los vio nacer, como lo han hecho también, en nuestro Estado y en otras administraciones, servidores públicos nativos de otras Entidades, que han cumplido brillantemente en el desempeño de sus responsabilidades.

​Me pregunto qué pasa con los cuatro secretarios estatales a los que me referí, que no le encuentran la cuadratura al círculo, como tampoco se la encontraron otros igualmente foráneos de la anterior administración.

​El de SEFIPLAN casi nunca está en su oficina, el de la SSP no parece saber siquiera dónde está parado, la de PC no muestra una mínima sensibilidad ante la desventura de veracruzanos y el de la SIOP sigue calculando cuántos kilómetros de carretera pueden reencarpetarse con el chapopote retirado en las playas por el desastre que provocó Pemex.

​Me pregunto qué pasa, y la respuesta que viene a mi mente, a riesgo de que me tachen de chovinista -y me disculpo por ello- pero pienso en la entrega y el amor, el compromiso, que caracterizan a los políticos veracruzanos… y la única respuesta que viene a mi mente es que no se ama lo que no se conoce.