Salvador Muñoz
Los Políticos
Experiencia o caras nuevas… votos en las redes o los comentarios de las redes… conectar o aparentar… éstos son algunos dilemas que arroja una encuesta en redes sociales sobre las preferencias rumbo a la diputación local por Xalapa Rural.
La dinámica planteaba a cuatro posibles contendientes: uno del PRI, uno del PAN, uno de Movimiento Ciudadano y uno más de Morena. Durante prácticamente tres días completos, el aspirante priista se mantuvo como puntero indiscutible, aventajando por más de la mitad de los votos al resto de los participantes.

Sin embargo, en el cuarto día ocurrió lo que suele suceder cuando las estructuras digitales del partido en el poder se activan: simpatizantes, operadores y uno que otro “patriota del teclado” comenzaron a respaldar masivamente al aspirante de Morena, quien terminó alcanzando y posteriormente rebasando al que durante 72 horas encabezó cómodamente la consulta.
Pero más allá del resultado numérico, la encuesta deja varias reflexiones.
La primera, es que el verdadero valor de este tipo de ejercicios no radica necesariamente en la cantidad de votos, sino en los comentarios que generan. Ahí es donde puede percibirse el ánimo ciudadano, las simpatías auténticas y el nivel de conexión que ciertos perfiles todavía conservan con la gente. En este caso, destacó el respaldo orgánico hacia Américo Zúñiga Martínez, curiosamente emanado de un PRI que muchos dan por cadáver político… aunque al parecer todavía hay quienes le encuentran pulso.
Y es que Américo, guste o no, trae algo que ya escasea en la política moderna: tablas. Ex alcalde, diputado, secretario del Trabajo, actual maestro universitario… Tiene formación, oficio, discurso y hasta cultura política, algo que hoy parece especie protegida en peligro de extinción. De raza le viene al galgo: hijo de Guillermo Zúñiga Martínez, mamó política, academia y administración pública desde la cuna. Podrán criticarlo, pero improvisado no es.
La segunda lectura es igual de reveladora: mientras algunos nombres generaron conversación y defensa espontánea, otros apenas provocaron bostezos digitales. Y en política, el silencio pesa más que un insulto.
Ahí aparece Tato Vega Yunes… personaje digno de tesis sobre supervivencia política extrema. Este Yunes pasó del PAN al PRI; del PRI brincó a Fuerza por México –partido que acabó más rápido que un hielo en la Central de Abasto– y tras perder el registro, terminó rescatado por Morena… porque en política mexicana siempre hay un arca de Noé para los náufragos electorales.
Lo curioso es que Morena y Rocío Nahle traen como deporte olímpico pegarle a los Yunes… pero mientras unos Yunes son señalados como villano favorito del obradorismo veracruzano, otros desayunan tranquilamente dentro del aparato estatal. Porque sí: lo que tanto has de odiar, en Palacio lo has de cobijar. Cosas de la Cuarta Transformación y sus misterios ideológicos insondables.
Román Moreno y Sergio Hernández también ofrecen otro contraste interesante. Román es el restaurantero metido a la política; Sergio, el político metido a restaurantero. Uno llegó desde la iniciativa privada intentando aprender el lenguaje electoral; el otro aprendió tan bien la política que acabó entendiendo que también sirve para hacer relaciones, negocios y futuro económico. Dos rutas distintas… aunque ambos representan perfiles hoy conocidos para el electorado xalapeño.
Y ahí aparece quizá la reflexión más importante: la ciudadanía dice querer caras nuevas… pero las estructuras siguen apostando por nombres reciclados, conocidos o reencauchados. Unos con experiencia auténtica; otros con experiencia en brincar de partido en partido sin sufrir esguince ideológico; unos, con poca experiencia electoral pero con marketing político; otros, con experiencia pasajera, lo que dura un gobierno estatal panista en Veracruz…
La pregunta entonces no es solamente quién puede ganar una encuesta de internet, sino quién logra conectar realmente con una ciudadanía que parece comenzar a exigir renovación.



