PEPÍN

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Salvador Muñoz
Los Políticos

Hay mucho dejo de verdad en la encuesta que se aventó Rodrigo Crosa sobre la diputación federal de Boca del Río para este 2027, dicen los que saben –o al menos los que presumen saber– desde la zona conurbada Veracruz-Boca del Río-Medellín… porque en política jarocha, hasta el que vende volovanes en la esquina trae su propia encuesta en la cabeza.

Por ejemplo, nadie discute que al frente aparezca Juan Manuel Unanue… El ex alcalde sigue cargando esa imagen de político pulcro, de camisa bien planchada y administración con olor a aromatizante premium. Para muchos, sigue siendo el Caballero de la política y eso en Veracruz ya casi cuenta como especie protegida.

Tampoco sorprende demasiado que Pepín Ruiz salga segundo. El hombre ha hecho más kilómetros que camión AU entre colonias, mercados y apoyos altruistas con sus Ángeles de Todo… que del Camino, que de las Despensas, que del Mercado, que de las Grúas… al rato van a sacar los Ángeles del Tráfico y los Ángeles del Bache. Y con ese ritmo, si un perro se pierde en el Puerto, seguro aparece un tiktok: “Ángeles de Pepín lo encontró”.

Y sí… también suena lógico que atrás anden Raúl “El Comas” Zarrabal y Carolina Gudiño, viejos sobrevivientes de la Jurassic Politics porteña, donde algunos se extinguen y otros nomás mudan de camiseta.

Pero ahí es donde empieza el tufillo raro… porque una cosa es el dejo de verdad y otra que ya huela a pescado olvidado en malecón.

La primera sorpresa es que Pepín, simple y sencillamente, no trae en la cabeza una diputación federal. Ni por Boca… ni siquiera por el Puerto. El hombre podrá traer estructura, operadores, presencia y hasta cambio por si hay que apoyar a alguien… pero lo que no trae es obsesión por San Lázaro.

Y ahí entra el segundo detalle: si hay un territorio donde Pepín es reconocido, ése es Veracruz puerto. Ahí fue diputado local en la Sexagésima Primera Legislatura, donde curiosamente coincidió con otros dos nombres reciclados por Crosa en su encuesta: El Comas Zarrabal y Carolina Gudiño… aquello parecía más reunión de ex alumnos que “aspirantes”.

Eso sí: del Pepín de aquellos años al de ahora, hay un trecho largo. Ya no es el chamaco que convertía la curul en comedor oficial de comida chatarra. Hoy se le ve más calculador, más sereno, más político… entendiendo algo que muchos en Morena todavía no comprenden: no todo se gana acelerando como motociclista de reparto en el bulevar.

Porque si algo trae clavado Pepín, no es la diputación… es el Ayuntamiento porteño. Esa espinita que le quedó enterrada tras el pasado proceso municipal y que todavía raspa cuando se acuerda.

Y socialmente, guste o no, ha avanzado. Su estructura angelical le ha dado presencia. Mientras otros políticos aparecen sólo cuando hay micrófonos, Pepín anda repartiendo apoyos celestiales hasta en colonias donde el GPS entra con miedo.

Entonces viene la pregunta del millón:

¿Por qué meterlo en Boca del Río?

Hay dos respuestas… y las dos huelen a grilla fina con salsa macha.

La primera: poner a Pepín como pararrayos para que las baterías no se enfoquen en Bertha Ahued, a quien en Morena ven como carta seria para la federal… y a la que quieren cuidar para que no llegue toda madreada al 2027. Porque en política también existe eso de “sacrificar al delantero para cuidar al goleador”.

La segunda… más venenosa todavía:

Que alguien no quiere a Pepín en el Puerto.

Así de sencillo.

Porque en política, cuando empiezan a mencionarte para cargos que ni buscas, cuidado… capaz no te están promoviendo: te están moviendo de lugar. Como quien le aparta la silla incómoda al invitado que ya estorba en la mesa.

Dejos de verdad… tufillos de mentira…

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