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Veracruz tuvo este fin de semana dos fiestas… y pocas veces una imagen explicó tan bien las dos caras del poder.
Por un lado, la fiesta privada… exclusiva, elegante, de lino casual, zona residencial y sonrisas de gente que jamás ha hecho fila para pagar el predial.
Por el otro, la fiesta pública… la del pueblo, la cultura, el folklore, las regiones y la identidad veracruzana.
Dos escenarios… dos mensajes… dos maneras de entender la política.
Allá en Alvarado, en el Club de Golf Villa Rica, Miguel Ángel Yunes Márquez celebró sus 50 años. Y como buen festejo de clase política premium, no podía faltar la invitación elegante, la vestimenta cuidadosamente sugerida y los invitados de peso pesado, entre ellos, por supuesto, Adán Augusto López Hernández, lo que nos deja en claro que en el Senado, la ideología y los colores quedan muy por debajo de los intereses particulares… Adán Augusto y los Yunes nunca fueron enemigos ideológicos. Son socios parlamentarios. Aliados de coyuntura. Compañeros de operación. Constructores mutuos de acuerdos.
O de otro modo: mientras en Veracruz, los Yunes como cuchillito de palo cuando pueden le arriman el caballo al Gobierno estatal, el tabasqueño ya compartía con ellos café, votos… y seguramente hasta chistes.
La fotografía del abrazo revela esa relación política que vendió Adán Augusto como el voto fundamental en el Senado… y los Yunes compraron algo todavía más valioso en política mexicana: sobrevivencia.
Y mientras en Alvarado corrían las copas, los saludos de élite y las conversaciones que jamás aparecerán en boletín oficial, en Veracruz puerto se desarrollaba otra fiesta muy distinta.
Rocío Nahle encabezaba el festival Yolpaki junto a Rosa María Hernández Espejo y miles de ciudadanos que acudieron a disfrutar las expresiones culturales de las diez regiones del estado.
Allá no hubo mesa VIP ni código “lino casual”.
Hubo huipiles, danzón, sones jarochos, gastronomía, cultura popular y familias enteras disfrutando un evento pensado para la gente… no para el álbum privado del poder.
Y ése es el contraste que políticamente termina pesando.
Porque mientras unos celebran las alianzas del poder, otros intentan construir identidad colectiva.
Mientras unos fortalecen relaciones entre élites, otros fortalecen vínculos sociales.
Mientras una fiesta ocurre detrás de cortinas elegantes y acceso restringido, la otra ocurre frente al pueblo.
Y ojo… no se trata de satanizar cumpleaños ni reuniones privadas.
Cada quien festeja como quiere… y como puede.
Pero en política, las imágenes hablan.
Y a veces hablan más de la cuenta.
Porque mientras Morena intenta mantener viva la narrativa del combate al viejo régimen, aparecen estampas donde algunos de sus principales operadores conviven más cómodos con ese viejo régimen que muchos militantes de cepa.
La revolución… pero con reservación en zonas elegantes.
Y sí… seguramente la fiesta de Miguel Ángel Yunes Márquez estuvo espectacular.
Buen whisky, buenos vinos, buena comida y conversaciones de ésas donde se hacen más negocios que componer el país en tres sesiones legislativas.
Pero también hay fiestas que retratan prioridades.
Y este sábado Veracruz vio dos muy distintas:
la del poder… y la de la gente.



