Agustín Basilio de la Vega
La Federación Mexicana de Colegios de Ingenieros Civiles me invitó a mi apreciada Facultad para expresar mi reconocimiento a quienes me formaron en las aulas de la Universidad. Para mí fue un honor agradecer sus enseñanzas y compartir mi experiencia con la comunidad universitaria justo en el 50 aniversario de esta Facultad de ingeniería Civil y dentro del marco del día del maestro.
Mi interés y gusto por la construcción surgió, como muchos de ustedes, durante mi infancia. Recuerdo que me gustaba armar castillos Exin y hacer túneles y carreteras en los depósitos de arena de las casas que se construían en la huerta de mi mamá. El modelismo estático (armar aviones, barcos y tanques) me ayudó en la adolescencia a acercarme a los instructivos y manuales de armado y pintura con mayor precisión.
Estudié el bachillerato en el Instituto Francisco Xavier Alegre dentro del área de “Humanidades” pero concluí “Exactas” ya que las matemáticas me gustaban mucho y me parecían muy retadoras y, llegado el momento, seleccioné estudiar la licenciatura de Ingeniería Civil, “una carrera que te enseña a hacer cosas” según el consejo de mi padre y que transforma la realidad, como lo he comprobado.
Gracias a la formación integral que recibí tanto en la familia como en la escuela, presenté el examen de admisión al propedéutico ubicándome entre los mejores promedios. Ingresé al salón T-101 en 1983, donde cursé geometría analítica, álgebra, física y otras materias introductorias.
Entre 1984 y 1989 cursé la licenciatura. Algunos de mis maestros fueron los ingenieros Pedro Enrique Morales, Enrique Álvarez Castilla, Lorenzo Galicia, Julio Labastida, José Alberto González, Catarino Morales, Arquitectos José Luis Murrieta, Arturo Servín y el Licenciado Carlos Valencia Carmona que ya fallecieron, a todos ellos mi agradecimiento post mortem.
Todas las experiencias educativas son útiles, recuerdo que don Pedro Enrique impartía los sábados laboratorio de materiales en un “maratón” de 4 horas. Como yo era muy inquieto, me costaba mucho trabajo y paciencia ese horario. Cuando concluyó el semestre me sentí libre de ese compromiso y archivé los apuntes. Poco tiempo después, en uno de mis primeros trabajos, me nombraron gerente técnico de una dosificadora de concreto y empezaron mis angustias profesionales. Fui allí cuando valoré el esfuerzo de mi maestro y gracias a sus apuntes pude salir adelante en esa encomienda.
Tuve maestros en las aulas que me prepararon teóricamente como los ingenieros Rafael Morales, David Hernández Santiago, Julio Cesar Gómez, Oscar Lenz, Javier Méndez, Jesús Melgoza, Guillermo Hernández Viveros, Rafael Lozano, Antonio Pulido, Rafael Campillo, José Jiménez Terán, David Gómez, Miguel Ángel Velez, Jesús García, Leopoldo Lara, el químico Pavón, el arquitecto Augusto Fernández y el licenciado Armando Servin entre otros, cada uno tenia su estilo pero todos eran muy cumplidos, no faltaban a clases, encargaban tareas y nos tenían paciencia.
Como estudiante de los últimos semestres tuve la oportunidad de trabajar por las tardes en las Constructoras Brisa SA de CV, CORESA SA de CV y Concretos Construcciones y Agregados SA de CV allí me formaron en la práctica los ingenieros Carlos Nachón Aguirre, Carlos Nachon García, Manuel Servín Murrieta y el ingeniero López Paredes, así como el Arquitecto Enrique Méndez Acosta, a quienes también les estoy agradecido por su generosidad y amistad. Algunos de ellos tenían la cualidad de ser maestros universitarios además tener empresas constructoras o de servicios relacionados.
Fundamos en 1989 la empresa Ingeniería del Golfo de México SA de CV varios compañeros de aquella generación 84-88. Hoy, además de ser socios, algunos somos colegas en este campus universitario. De mis amigos Antonio García de los Salmones y Guillermo Fox he aprendido también muchas cosas como la responsabilidad, la solidaridad, el trabajo en equipo, la honestidad, la serenidad y muchos otros aspectos de la vida que son importantes para ser un buen profesionista.
De manera autodidacta estudié los principios de economía. Entendí gracias a diversos autores como Gabriel Zaid, Luis Pazos, Ludwing Von Mises y Pierre de Calan, que el ahorro es el fundamento de toda inversión y que sin esta no es posible generar trabajo y riqueza. Desde muy joven me quedó claro que los motores del progreso económico son la libertad de emprendimiento o actividad económica, el respeto a la propiedad privada y la competencia.
La formación política y cívica me ayudó a entender la importancia de la legalidad, la transparencia, la rendición de cuentas, respetar el erario y que el objeto de todo gobierno es la consecución del bien común. Textos de Jean Meyer, Enrique Krauze, Carlos Castillo Peraza, Vargas Llosa y Peniche Bolio, entre otros, me permitieron comprender la importancia del Estado de Derecho para hacer de México un país atractivo a las inversiones en infraestructura por citar solo un ejemplo
Cuando fui invitado a la entrevista en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el 2003, fui el último de 5 candidatos para ocupar la Dirección General del Centro SCT Veracruz; no me imaginé que mi formación fuera la clave: Llegué una tarde a la oficina del subsecretario de infraestructura, el arquitecto Jorge Fernadez Varela, al edificio ubicado en Avenida Xola y Universidad, Colonia Narvarte de la Ciudad de México. Era una sala grande con una mesa que me pareció larguísima y solo había dos asientos. Sobre la mesa, en el lugar del subsecretario, estaba subrayado mi curriculum. La entrevista fue extensa pero amena, me preguntó muchas cosas personales y profesionales, pero hubo una que recuerdo mucho ¿Qué experiencia tienes en carreteras y puentes? A lo que contesté sin vacilar “he construido una pista de Go-Karts y tracé un terraplén para la pista del aeropuerto de Xalapa; pero tengo experiencia en edificación”. Pensé que hasta allí llegaría, pero al finalizar la entrevista me dijo que le había dejado una decisión muy compleja.
Unos días después recibí la llamada del coordinador de Centros SCT para informarme que había sido seleccionado para dirigir el Centro SCT Veracruz. Así, a mis 38 años, de edad, fui el primer ingeniero civil veracruzano egresado de la UV con esa responsabilidad. En la SCT me encontré con mi maestro Tomás Ibarra quien era el jefe de la Unidad de Servicios Técnicos y a mis excompañeras Rosalba Centeno Caiceros y Marcia Toral Ramírez. En la SCT tuve otros maestros como la Doctora Mónica Barrera y los ingenieros Oscar de Buen Richkarday, Francisco Montforte, Clemente Poon y Sergio Sada entre muchos otros. Uno nunca acaba de aprender en la vida.
Durante casi 10 años, gracias a un equipo muy profesional, construimos en Veracruz 614 nuevos puentes, se conservaron los más de 2,600 kilómetros de la red de carreteras federales libres de peaje, se construyeron caminos rurales y más de 330 km de nuevas autopistas como Las Choapas-Ocozocuautla, Amozoc-Perote, Libramiento de Perote, Perote-Banderilla, Acceso al Puerto de Veracruz, México-Tuxpan, Totomoxtle-Tihuatlán y el Libramiento de Xalapa.
Los huracanes Karl y Matthew ocurridos en el 2010, confirmaron los dos principios que aprendí de “1915 y Otros Ensayos” de Gómez Morin. En primer lugar, el ingeniero debe guiarse por criterios técnicos y en segundo debe evitar el dolor evitable, que es el que los hombres entre sí se causan pues los males que vienen de la naturaleza no se pueden evitar.
Nosotros los ingenieros tenemos la gran responsabilidad de hacer bien nuestro trabajo, con ética, transparencia, responsabilidad, sentido económico y poniendo siempre a la dignidad de la persona en el centro de nuestra actividad.
@basiliodelavega 13 de Mayo de 2026.




