Agustín Basilio de la Vega
Mi tía abuela Julia nació en Xalapa, Ver. el 7 de mayo de1883 y murió a principios de julio de 1973, siendo sepultada el día 5 de ese mes en el Panteón Xalapeño de su ciudad natal. Sus padres fueron Geraud Fontanges y Emilia Martin. Fue la segunda de 7 hermanos: Luis Geraud, Sofia, Emilia, Antonia y Juana (gemelas, la segunda mi abuela) y Francisco Felipe.
Julia Fontanges Martin aprendió de sus padres a hablar y a escribir en francés; fue buena lectora, la recuerdo con sus lentes, su rosario y sus libros y fue además una cristiana de bien. Tenía como modelo de vida a Santa Catalina. En sus cartas con su prima Catherine Tillit (Cantal, Francia), se aprecia que ambas contaban con una sólida fe.
A la muerte de su madre (1908) escribe a su prima Catherine Tillit quien vivía en Cantal, Francia: “¡Oh, querida Catherine, me pregunto por qué Dios no me llevó a mí de esta vida en lugar de mamá!” La correspondencia entre las primas duró 7 décadas. En una misiva fechada el 15 de febrero de 1979 Julia recuerda la fotografía de sus abuelos: Sophia Amelia Pittex quien fue originaria de Bex, Suiza y Francisco Martin quien fue relojero; en dicha imagen aparecen con sus borregos en la Huerta San Martin.
De 1910 a 1920 ambas primas se escriben y dan cuenta sobre la “revolución” la inseguridad, “la guerra”, las penalidades, la salud de los familiares y la muerte de algunos de ellos. Pese a los tiempos turbulentos, también hay intercambio de algunas buenas noticias y de productos que cruzan el océano como queso, piernas de “jamón salado”, avellanas y pares de “galoches” (Claude Grimmer, la Famille Fontanges Entre France et Mexique, abril 2026). De igual manera en este intercambio epistolar se aprecia su sólido cristianismo de Catherine y Julia.
Su padre Geraud Fontanges muere en 1915. Julia y sus hermanas heredan propiedades en Xalapa y Puebla, su hermano Luis, que ya se hacía cargo del restaurante de Esperanza, se dedica a negocios y sus hermanas a las rentas de propiedades. La etapa destructiva de la revolución hace todo muy difícil y una vez terminada ésta, el incremento de impuestos y la gran depresión las obliga a vender y concentrar en Puebla la mayor parte de su patrimonio.
Mi tía Julia recibió en herencia la Huerta San Martin de Xalapa entre otros bienes de acuerdo con la escritura pública del 17 junio de 1919 (registrada el 2 de septiembre de 1919, No. 19, sección cuarta de Jalapa, Ver.) cosecha los frutos de la tierra, arrenda unas casitas en la calle Paso de Varas hoy Independencia y recibe a sus sobrinas en vacaciones y posteriormente se hace cargo de ellas. Mi mamá, por ejemplo, aprendió francés, religión y fue enviada a buenas escueles como la “Susana Fontana” y el “Instituto Científico Motolinía”.
Tía Julia, como se le conoció cariñosamente, es la principal protagonista junto con Catherine en el libro de Claude. En sus cartas hablan de terremotos, de los logros de sus sobrinos, en el caso de la primera y de sus hijos en el caso de la segunda, de la crisis económica, de la persecución religiosa, de lo que dicen los periódicos, y de los viajes de familiares. Ambas viven modestamente y cuando se entera que el hijo de Catherine, André Mathe quiere ser sacerdote católico, Julia escribe en 1930: “es mejor entregarlo a Dios que al mundo”.
Durante la Segunda Guerra Mundial no hay cartas. Julia acoge a los hijos de Alicia, mi mamá, como una verdadera abuela. A mi hermana Margarita le enseña el francés, por ejemplo.
Mi tía abuela vivió tiempos muy duros y me llama la atención que la vida humana era muy frágil ante los padecimientos humanos. En su correspondencia se mencionan los siguientes: embolia, lumbalgia, neuralgias, bronconeumonía, ciática, flebitis, reumatismo, varicela, tifoidea, ceguera, anginas, abortos espontáneos, accidentes, angina de pecho, gripe, erisipela, tuberculosis, infecciones intestinales, congestión pulmonar, paludismo, tifus, parálisis, sinusitis y tosferina. Para quienes vivieron a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, sobrevivir era muy difícil, pasaron de la herbolaria a la medicina moderna.
En una carta de Catherine a Julia, fechada en 1953, le escribe: “Para nosotras la edad está allí. Sabemos bien que no se puede rejuvenecer, pero da mucha pena ver sufrir a los jóvenes”. Tía Julia vio como sus sobrinos y sobrinos nietos emprendieron proyectos, los vio vivir y morir, triunfar y fracasar. Era como un gran árbol que siempre estaba allí para dar sombra. En 1959 dividió la Huerta entre mis tíos y mi mamá y apenas un año después murió su hermana Juana, mi abuela.
Mi tía abuela recibió una carta en 1961 de su prima Catherine en la que escribió: pido a Dios “la gracia de una buena muerte, para que podamos reunirnos todos pues a nuestra edad, no llegaremos a conocernos en esta tierra”. En ambas familias hay religiosas, un religioso y dos sacerdotes (Andre Mathe y Jean Delhostal SJ).
Julia Fontanges nunca pudo viajar a Francia, pero mantuvo comunicación; fue una mujer soltera ejemplar consagrada a su familia. Su generosidad es reconocida por todos. En lo particular le agradezco haberme mencionado en sus últimas cartas con gran esperanza. Para mi es un ejemplo de trabajo, orden y fe en Dios. Sus restos mortales descansan con mi abuela en el lote 24, manzana 2ª, cuartel 1, fila A, zona A del panteón Xalapeño. Su alma está en la presencia de Jesús y seguro que desde allá ruega por todos nosotros.
X @basiliodelavega 25 de Mayo de 2026