Bernardo Gutiérrez Parra
Desde el Café
Confieso que tiene mil años que no veo TV Azteca. Ignoro cuál es su barra de entretenimiento, si proyecta o no telenovelas, programas de concurso, programas especiales, culturales, históricos, entrevistas, caricaturas, películas, etc. Su noticiero estelar Hechos de la Noche no me gusta y prefiero otras opciones.

Ahora, que yo no vea esa televisora es muy mi problema. Pero que la presidenta dijera este lunes desde su púlpito mañanero: “No vean TV Azteca”, es un acto de censura que la muestra como una mandataria intolerante, dogmática, estrecha de miras y déspota.

¿Pues no que muy abierta al diálogo y tolerante a la crítica?

Pamplinas.

Si de algo adolece la señora es de tener una piel muy delgada. Es buena para soltar sopapos amparada en el poder, pero no se aguanta cuando le reviran.

Quizá para justificar su exabrupto, Claudia diferenció entre censura y opinión al asegurar que al recomendar no ver a la televisora, ejerció su libertad de expresión y de ninguna manera utilizó el poder del Estado para silenciarla (nomás eso faltaba). Además, reivindicó el “derecho de réplica” como el mecanismo para responder a contenidos que considera falsos.

A ver, si Fofón Fafatas hubiera gritado a todo pulmón desde el Zócalo capitalino: “No vean TV Azteca” estaría ejerciendo su libertad de expresión y no hubiera pasado absolutamente nada. Pero dicho por la presidenta, desde la que es de lunes a viernes la más alta tribuna de la nación, sonó a orden terminante y a censura. Que no venga con que fue un simple ejercicio lingüístico-expresivo porque esa no se la cree nadie.

Claudia calificó como “mentiras descaradas” una serie de comentarios que reporteros de esa televisora y otros medios han hecho sobre su gobierno. Cuestionó la ética de quienes “difunden falsedades”, anunció la creación de un detector de mentiras y un premio al mitómano de la semana.

A ver otra vez. Si a su juicio hay algún medio que difunda falsedades de su gobierno ¿por qué no lo denuncia? Estaría en su derecho. Pero si por el contrario, el medio y el reportero denuncian con bases sólidas que varios funcionarios de Morena están robando a los mexicanos ¿por qué no es receptiva a esa denuncia? ¿Por qué se va contra los mensajeros en lugar de ir por los presuntos rufianes?

En este oficio se cuentan por miles los charlatanes y mitómanos que se dicen periodistas. Y la propia presidenta lo sabe muy bien porque convive con ellos a menudo. Son los que ocupan la primera fila en sus mañaneras que además son leguleyos y lambiscones hasta la náusea.

Pero no todos son así. Los hay críticos, independientes, muy informados, muy vistos y muy leídos. Y son los que le purgan.

En lo personal estoy a favor del premio al mitómano de la semana. Pero propongo que sea retroactivo y parejo para todos. Es decir, que sea para periodistas y políticos. Sería formidable verla recibir su trofeo a la mitómana del 2025 por frases como éstas: “Andrés Manuel es el mejor presidente en la historia de este país” y “Somos la nación más democrática del mundo”.

Y en cuanto a su patrón, futa… no alcanzarán los premios para homenajearlo como se merece.

Es hasta patético que Claudia esté más preocupada por lo que digan de ella los periodistas que por los graves problemas que le heredó su antecesor.

Ha trascendido (y nadie lo ha desmentido) que sus accesos de ira son cada vez más frecuentes. Ha sucedido que cuando un periodista la pone en aprietos se quiere hacer la simpática; pero el resultado es lamentable porque ese subterfugio nomás no es para ella.

Da la impresión de que ha perdido la brújula y que se le fue de vacaciones el sentido común, porque mira que pedirle a los mexicanos que no vean TV Azteca fue un desatino muy grave que la marcará por años.

Más seriedad por favor, señora. ¿Dónde quedó el respeto que se debe a usted misma como mujer y que le debe a la investidura presidencial?

Anunciar un detector de mentiras y un premio al mitómano de la semana, será convertir sus mañaneras en un vodevil de cuarta que la denigrará ante sus gobernados en lugar de granjearle simpatías.

“Lo que debe hacer como medida urgente es mandar al diablo las mañaneras porque la están desgastando física y emocionalmente y están minando su credibilidad ante los mexicanos”, me dijo un analista.

Ojalá así sea.

Aquí donde me ves lector, desde hace cuatro años me pagan por verlas y hacer una crónica y un resumen. Pero sueño con que un día me digan: “Ya no veas a Claudia Sheinbaum”.

Y ese día seré feliz.

bernagup28@gmail.com