Omar Zúñiga
De Primera Mano

Los escándalos no terminan para los diputados federales veracruzanos de Morena. Primero Zenyazen Escobar por la explosión del yate en Boca del Río, que por cierto no había concluido; después Ana Miriam Ferráez con el incidente vial en Xalapa.

Nuevamente, el Capitán Calzoncillos o Zenya(te)zen, protagonizó un nuevo escándalo: el diputado federal de Morena retó a golpes a un colega legislador dentro de San Lázaro; algunos testigos -de sus homólogos-aseguran que se encontraba bajo los efectos de alguna sustancia desde primeras horas del jueves, que en el mejor de los casos se trataría de alcohol, pues para ese momento habían estado en la Cámara por más de 24 horas.

En lo que ya constituye un patrón difícil de ignorar,Zenyazen Escobar García, protagonizó el nuevo y vergonzoso episodio al interior del recinto de San Lázaroen el que retó a golpes a su homólogo priista, el diputado Carlos Gutiérrez, en plena jornada de faena legislativa.

La “sesión ordinaria” se convirtió, desde temprana horadel jueves, en una secuencia de despropósitos. 

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Varios diputados fueron testigos —y algunos, víctimas— del comportamiento errático de Capitán Calzoncillos lo largo de la mañana. Según testimonios recogidos en los pasillos de San Lázaro, el diputado de Morena se encontraba visiblemente bajo los influjos de alguna sustancia. Alcohol, en el mejor de los casos.

Lejos de guardar compostura, Escobar se lanzó contra sus propios colegas con un repertorio que oscilaba entre lo grotesco y lo ofensivo. 

En un tono que algunos describieron irónicamente como“romántico”, el legislador morenista se dedicó a proferir calificativos hacia sus pares; llamó “gordo” a varios diputados y entre sus objetivos estuvo el exmorenista Gibrán Ramírez, actual diputado de Movimiento Ciudadano.

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El punto de quiebre llegó cuando Escobar, completamente fuera de sí, confrontó directamente a Carlos Gutiérrez y lo retó a golpes. 

El video del incidente circula en redes sociales y es prueba irrefutable: mientras se intentaba dar el uso de la tribuna a Gutiérrez, el caos provocado por Zenya(te)zen obligó a un desesperado llamado al orden desde la presidencia de la Mesa Directiva. -“Se necesita prestigiar la política”, se escuchó sentenciar a Kenia López Rabadán. Las palabras, sin embargo, parecían rebotar contra un muro.

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No es la primera vez que el nombre de Zenyazen Escobar García aparece vinculado a episodios escandalosos. 

La reincidencia convierte este tipo de incidentes en algo más que una anécdota de pasillo o una falta administrativa menor: es el síntoma de una descomposición institucional que avanza sin que nadie parezca dispuesto a frenarla. 

El fuero constitucional, concebido para proteger la libertad de expresión y el debate político, se ha convertido para algunos en patente de corso.

Cuando los argumentos se agotan y son reemplazados por retos de barriada y ofensas personales —agravados por el aparente estado de ebriedad del agresor—, quien pierde no es únicamente el diputado insultado o Morena. 

Pierde el Congreso en su conjunto  y por supuesto, pierde la ciudadanía que, supuestamente, es la representada en cada curul.

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La pregunta que queda flotando sobre el Palacio Legislativo de San Lázaro es tan incómoda como urgente: ¿hasta cuándo se tolerará que el escudo del fuero ampare la insolencia, el descontrol y el ejercicio de funciones públicas bajo el influjo de sustancias o pero aún, por el simple hecho de no tolerar la crítica?

El clamor a “prestigiar la política” que resonó este jueves entre las paredes de la Cámara fue un grito en el desierto. Lástima que el protagonista del escándalo esté más interesado en liarse a madrazos que en la exposición de ideas y cruce de análisis, que enaltezcan el depauperado trabajo legislativo.

¿Quién se va a aventar el tiro de parar a los Zenyazen y a las Ana Miriam?

¡Qué barbaridad!

deprimera.mano2020@gmail.com