Sergio González Levet

Sin tacto

No logran generar la simpatía popular de la que gozaron hace ocho años, por más que hacen marchas de acarreados que supuestamente están en favor de la Cuarta Transformación (unos campesinos de mi pueblo llegaron a la concentración en el Puerto cada uno cargando un pollo y un blanquillo, y cuándo les preguntaron por qué llevaban eso, contestaron: “Es que nos dijeron que el mitin era de a pollo y de a huevo” -“de apoyo y de a güevo”-).

 También han perdido la confianza de los ciudadanos que en 2018 se volcaron a votar por Andrés Manuel López Obrador y sus candidatos que prometieron que iban a terminar con la corrupción galopante que tenía hastiada a la población.

 Menos tienen la confianza de los gobernados, que miran cómo su calidad de vida ha bajado y viven con temor de la violencia del crimen organizado, que ataca impunemente a los mexicanos, inermes y desprotegidos por su Gobierno.

 Saben los morenos que van a perder las elecciones de 2027 y que de acuerdo con el voto ciudadano ya no tendrán mayoría calificada en el Congreso ni en las legislaturas estatales, perderán la mayoría de las 17 gubernaturas que estarán en juego y tendrán que entregar a la oposición muchas de las 680 alcaldías que se dirimirán.

 Si la Cuatroté fuera un movimiento democrático, en este momento estaría haciendo acciones precisas para mejorar su forma de gobernar y acercarse realmente al pueblo; abandonarían las obras faraónicas que tanto nos costaron y nos siguen costando; meterían a la cárcel a funcionarios que han destacado por sus robos al erario; encerrarían a los más visibles miembros del lopezobradorismo que están coludidos con el narcotráfico; pondrían bajo resguardo en prisión cuando menos a uno de los hijos de AMLO y a los otros tres los desterrarían del país y los desaparecerían de la vista pública.

 Pero resulta que Morena no es ni movimiento ni de regeneración ni menos incumbe a toda la nación, sino solamente a un grupúsculo de familias allegadas a AMLO, que han medrado con los dineros públicos y con el poder.

 Y menos Morena es un partido democrático.

 Así que el Gobierno de Claudia Sheinbaum ya está en plena campaña para robarse las elecciones usando todos los artilugios posibles:

 Por un lado: acomodar las leyes para que puedan ser usadas a conveniencia del partido oficial y sus aliados, como la de la injerencia extranjera o la de candidatos relacionados con el narco; terminar de controlar las instancias que intervienen en el proceso, como el INE, el Tribunal Federal Electoral, los oples y los tribunales electorales estatales.

 Por el otro: hacer campañas anticipadas auspiciadas con dineros gubernamentales, una guerra informática sostenida contra los partidos y los posibles candidatos de oposición; callar a la prensa crítica y a los analistas políticos serios; hacer encuestas amañadas que digan que Morena va muy arriba en las preferencias electorales.

 Mientras los ciudadanos se preparan para ir a votar aún más masivamente que en 2018 y ahora en contra de Morena, el Gobierno, sus entes cooptados y su partido se alistan para hacer el más grande fraude electoral de la historia de México.

 Y lo harán… si los dejamos.

sglevet@gmail.com