Miguel Alemán

Gustavo Ávila Maldonado

En la magnífica entrevista que le hace Miguel Reyes Razo de El Sol de México (Uno de mis periodistas favoritos) al licenciado Miguel Alemán Velasco, dice: «Yo nunca me atreví a cantar, pero imito muy bien. Lo disfruto y amigos y familia dicen divertirse».

Aquí confirmó lo que cuenta Antonio Badú en el libro que me regaló mi amigo el «Lagarto» Julio Ríos. En este libro, Badú relata cómo conoció a Miguel Alemán Velasco : «Jorge Negrete tenía un despacho en un edificio de Paseo de la Reforma. En el mismo edificio estaban las oficinas de la revista «Voz», que hacían Alemán Velasco y Mario Moya Palencia. Miguelito -continúa Badú- llevaba una buena amistad con Jorge Negrete y yo era inseparable de Jorge. Así que no tardé en conocer a Alemán chico cuando éste era un jovencito, apenas salido de la adolescencia. Pronto nos hicimos amigos. Era simpatiquísimo. Y sencillo. Varias veces fue a comer a mi casa y a la de mi hermano Santiago; le encantaba el Kepe, el pan árabe, toda la comida libanesa. Si estaba yo de gira y Miguelito andaba de viaje y tocaba alguna población de mi itinerario, nos buscábamos. Le gustaba asistir a mis representaciones. Además, de haberlo deseado, hubiera sido un estupendo actor de cine o teatro, ya que es un formidable imitador y un ser humano dotado de enorme simpatía. Una vez que me presentaba en un teatro de Los Ángeles -No recuerdo si fue el Maya o el California, pues todavía no existía el Million Dólar- le pinté la cara de negro y salió al escenario a imitar maravillosamente a Samy Davis. Le tomaron una foto que apareció en un rotativo de nuestro país, me parece que en El Esto. Eran los tiempos en que su papá era el presidente de México. Yo me dije: me va a regañar el señor presidente y voy a meterme en un lío. Pero nada ocurrió».
El licenciado Alemán cuando era niño también sufrió lo que ahora llaman «Bullying», y cuando se lo contó a su padre el presidente Miguel Alemán Valdés, este le dijo: «La vida es así. Conocerás amistades verdaderas y enemistades francas; no es tu culpa. No te marees por elogios , tampoco padezcas por críticas malignas; así es la vida».

Miguel Alemán Velasco recuerda cuando vivía en Los Pinos : «Iba yo a clavar un banderín de mi escuela estadounidense en la pared de mi recamara en Los Pinos, cuando mi papá me contuvo: ‘Esta no es tu casa. La nuestra está en Fundación. Aquí estamos de paso. No le hagas ese hoyo, Intercala, regala recuerdos’. Esas enseñanzas aparecen simples, pero marcan para toda la vida, forman el carácter y forman una manera de ser.
– ¿Qué define la personalidad de su padre?, licenciado- le pregunta el periodista.
-Solía decir que la política es una ciencia. Que se nutre de constancia. Y depende de circunstancias. Ésta, la circunstancia, «pesa» muchísimo. Hace la oportunidad. «el chance».

Miguel Alemán Velasco iba al Colegio México de la calle de Mérida (en la que estudió mi hijo Hiram); ahí Miguelito conoció a Mario Moya Palencia.

El candidato Luis Echeverría Álvarez me salvó la vida. «Ocurrió el domingo 25 de enero de 1970 -citó sin el menor esfuerzo don Miguel Alemán Velasco, escribe Reyes Razo- el candidato del PRI a la Presidencia viajaría a Veracruz. Recibí invitación para acompañarlo. Y subí un avión de la Comisión Federal de Electricidad. Y esperaba el despegue. Saludé a reporteros que conocía. Cargaba mi portafolios. Y en eso llegó Fausto Zapata. «El candidato -me dijo aquel joven educado y diligente- te invita a su avión. Con él viajarán ex gobernadores de Veracruz. Vente para acá, Miguel», y me bajé de aquel aparato. Más tarde me di cuenta de que había olvidado mi portafolio…
El aterrizaje del DC 3 del candidato Echeverría enfrentó algunas dificultades para aterrizar. El,aeropuerto de Poza Rica es -era- difícil. Obligaba a giros muy cerrados. En fin. Llegamos, y estábamos en el mitin cuando comenzaron a llegar los informes. «El avión de prensa se estrelló y sólo el reportero Kremsky salvó la vida…».

«Vamos a ver qué pasó licenciado», me dijo el candidato Echeverría: tráigase unas cámaras de televisión. Y nos subimos. Y fuimos. Y estaban filmando. Cuadrillas de hombres que rescataban cadáveres, camillas, ataúdes. Y entre los hierros y asientos a medio quemar descubrí mi inolvidable portafolios. ¡El que había olvidado al dejar ese aparato! Fue entonces cuando cobré cabal conciencia de lo ocurrido. Hubiera muerto si el candidato Echeverría no atinara invitarme a viajar a su lado. Ya pasaron 45 años de ese acontecimiento. Y mi portafolios esta aquí. Míralo. Ahí está junto a ese escritorio…»