Inocencio Yañez Vicencio

Hoy no podemos salir con nuestro domingo siete. Hoy tenemos mucho que festejar. Festejemos a los hombres y mujeres que hacen posible que los asuntos públicos, que por lo tanto son del público y deben ser publicados, conozcamos algo de ellos, provocando la ira del autócrata, que hoy como nunca ha eliminado todos los órganos de vigilancia, dejando únicamente fachadas para simular, desatando una cacería contra todo el que desafía el silencio sepulcral.
Como en todo gremio, hay quienes viven para el ejercicio de la comunicación y hay quienes viven de su ejercicio.
Cómo no venir a nuestra mente Carlos María Bustamante, Ignacia Ramirez, Ignacio Altamirano, Francisco Zarco, Ricardo Flores Magón y muchos otros, que no fueron periodistas, como Serapio Rendón y Belisario Domínguez, que murieron por ejercer la libre expresión, cuando más se negaba la Libertad de Expresión.
No, no es sólo periodista el que sirve a las causas más nobles de su tiempo. La Guerra de Independencia tuvo sus detractores. La suplantación que hizo Iturbide de la causa insurgente tuvo sus aplaudidores. Lucas Alamán escribió y tergiversó nuestra historia. Francisco Bulnes hizo interpretaciones descalificando al movimiento liberal, para ayudar a los conservadores. Nemesio García Naranjo puso su pluma a favor de la reacción. En el México contemporáneo tuvimos lo mismo que un Antonio Caso decantándose por la barbarie fascista que un Vicente Lombardo, renunciado el fascismo como arma extrema de los grandes capitales.
Estoy consciente que así como yo me nutria de las reflexiones de los colaboradores de La Revista Siempre: Enrico Galán, José Alvarado, Francisco de la Vega, M. A. Granados Chapa…; otros lo hacían leyendo el elenco de la Revista Impacto.
Pero el valor del periodista, como el que práctica cualquier otro oficio o profesión, depende de su relación con las grandes causas de su tiempo. Los abogados, médicos, periodistas, no pueden alegar neutralidad desde el momento que tienen la oportunidad de escoger a quién prestan sus servicios. Es cierto que en el periodismo como en la mayoría de otras prácticas, al no exigirse un mínimo de conocimientos y constancias de buena conducta, está abierto a todos los que sepan leer y escribir y sin más tribunal que el escrutinio público. El hecho de que las ciencias y prácticas sociales se puedan abordar sin los riesgos de una aleación química en un laboratorio, cuya equivocación lo pueda hacer volar, cualquiera incursiona con desplantes de doctor. Así hemos visto que lo demenos es ver que no pocos avalamos nuestra sapiensa con fotos a lado de libros o poses de pensadores griegos, no, lo de menos son esas ridiculeces, lo grave es que un oficio o práctica como el periodismo se vea invadida de personajes repugnantes que lucran prestando su nombre para acabar con honras de figuras públicas, como si no bastara con los que por unas cuantas monedas se alquilan para para elogiar a los saqueadores de la nación y destructores de la República.
Dice Norberto Bobbio, que todos tenemos algo de intelectuales orgánicos, con intelectuales parte del sistema, y como no, pues no somos nihlistas, negamos lo caduco. Pero no podemos permitir que nos encajones como intelectuales orgánicos, los que hemos decidido desmontar las teorías de los que nos quieren domesticar, develar las ideologías que revisten sus falacias, sacar a la luz sus componendas, reclamar que lo público se haga público y en público, que se transparentes sus gastos, que se liciten sus obras, que la justicia no se trueque por venganza, que los asesinatos del crimen organizado no sean pasados por infartos, que la sociedad haga el seguimiento de obras e inversiones, que nos digan la fuente del chapopote, que las élites de Marina involucradas en el huachicoleo no queden impunes, que la sociedad audite el presupuesto de Dos Bocas, que responda el gobierno de las muertes del descarrilamiento del Tren Interoceánico, que hoy reconoce que fue derivado de su mal trazo, que deje de privatizar la justa deportiva mundial, que deje de intervenir en las elecciones de otros países, que se castigue a los patrocinadores de La Barredora, que el gobierno deje de flajelarse para justificar seguir dándole privilegios a la CNTE, que se termine la limpia que Morena ha hecho en los canales de radio, televisión y prensa escrita, de críticos y comunicado independientes…
Toca a los que escribimos no únicamente informar, que es tal vez lo más importante ahora que se han eliminado los mecanismos de división de poderes y que han hecho del poder judicial un instrumento para reprimir a sus enemigos y absolver a su banda, que han desaparecido los órganos autónomos; poner al descubierto que cuando los morenistas hablan de pueblo, en ese concepto sólo caben sus cómplices, que cuando hablan de ingerencia, en ella entra todo lo venga de sus contras, no de sus aliados y la que nos hagan, no la que hagamos nosotros, que cuando hablan de traidores, hablen de quienes combate a los narcos, no de quienes les brindan abrazos y reciben de ellos aportaciones, que cuando hablan de soberanía invocan la soberanía de Jean Bodino, la soberanía absolutista, la que no admite fuerzas intermedias, la que tolera distribución de funciones, contrapesos, ni pluralidad, que cuando hablan de democracia, hablan de » mero tramite», que cuando hablan de oposición, piensan en una oposición a modo, que cuando hablan de ciudadano, hablan de un individuo que por una pensión renuncie a criticarlo, que cuando hablan de Constitución, hablan de una hoja de papel, que nada tenga que ver con una ley que sea la cima del orden jurídico y no contemple materialmente con la división de poderes y menos con un tribunal que vigile que los poderes secundarios no alteren la decisión del constituyente…
Las poses de Rocío, Claudia, del líder matraquero del Congreso de Veracruz, podrán maicear a algunos que viven del periodismo, pero sepánlo bien, siempre habrá periodistas dispuestos a emular la medianìa en que vivió Zarco y la grandeza de su pluma, que lo inmortalizó, por los cuáles podemos orgullosamente decir que hoy tenemos mucho que honrar a quienes han caído por decir sus verdades y con su palabra escrita combatir la arbitrariedad y el abuso del poder, dando luz a la causa por rescatar los valores de la República y la democracia, que son los más sagrados de nuestro tiempo.
No pretendemos regenerar a quienes han vivido, y algunos han vivido bien de la dádiva, del chayoteo y la extorsión, destruyendo honras y recubriendo imágenes del gobernante en turno, no , ni lo intentemos, ellos no saben hacer otra cosa y para su fortuna, siempre habrá funcionarios que creen que acudiendo a esas lacras podrán exorcisarse, cuando son inexorablemente arrastrados por pestlencia de estos pregoneros de la ignominia.
Los que han caído por sacar a la luz lo público, que es del público, y limitar el poder y su ejercicio, siempre tendrán quien los recuerde y les festeje con el mas sincero cariño.