Uriel Flores Aguayo
No hay proyecto de poder que no se apoye en una determinada narrativa. Siempre hay una meta noble y esperanzas. Nadie podría convocar a la movilización social sin un propósito positivo. Los medios y sus operadores se pueden equivocar o mostrar su verdadero rostro, pero no tendrán responsabilidad al aducir que lo hacen por un fin superior. La historia mundial es pródiga en experiencias de ese tipo, tanto en sentido común como en planteamientos utópicos. Hay quienes son votados e intentan desarrollar su programa asumiéndolo gradualmente y con personas normales; hay quienes derivan en caudillos y dictadores con afanes de revolucionar al ser humano, pensándolo nuevo y casi perfecto. Las experiencias Soviéticas en la URSS y el pacto de Varsovia, el fascismo de Hitler y Mussolini, y los casos de Cuba y Corea del Norte, dan cuenta de lo artificial de sus proyectos y la crueldad con que han sometido a sus pueblos. No hay hombre nuevo ni perfecto, es lo que es, con su condición humana implícita y su calidad o no. Somos un poco más civilizados obviamente, pero contenemos abusos con leyes e instituciones, no hay de otra; no valen caudillos ni masas amorfas para superar el nivel de convivencia, es la responsabilidad individual y la vida en sociedad lo que orienta un comportamiento sano y útil. Las utopías han servido para justificar control social y concentración de poder, terminando casi siempre en desastres. Para eludir la realidad y posponer resultados se ha optado por acceder a los mitos y las leyendas; en ese terreno hay superhombres y personas angelicales. Pero la realidad es otra, esa que está a nuestra vista aquí y en el mundo todo. Nos ahorraríamos tiempo y desastres si aprendiéramos de la historia y adoptáramos posturas honestas con la verdad y el pensamiento crítico. Debemos ser más exigentes con los políticos y los gobernantes, ellos tienen que asumir plenamente sus responsabilidades, matizar sus privilegios de casta y hablar coherentemente; es repugnante el conformismo con la demagogia y el espectáculo, que ellos alientan. Al pan, pan y al vino, vino. Hay una lucha cultural en el horizonte, un esfuerzo firme por decir lo que corresponde a los derechos ciudadanos y a su libertad. Es cuestión de precisar conceptos y no vivir en la grisura de la ignorancia y la demagogia. Hay mucho por hacer sin tener que estar en partidos; aunque eso se respeta. Tenemos a la educación, la cultura en general, la vida pública, a la niñez y juventud, las calles y plazas, el capital social positivo y , sobre todo , la libertad pura a la que nadie en su sano juicio renunciará.
Recadito: mi mejor opinión del trabajo de la Alcaldesa Daniela.




