
Inocencio Yañez Vicencio
Gracias muchachos por hacer soñar a este pueblo.
Frente a las leyes salidas de la cabeza de los jurisconsultos romanos y los estatutos de privilegio del Medievo, sin duda alguna, demandar la generalidad de la ley fue y es un gran avance. No fundar el mandato en la experiencia o la fuerza, la naturaleza o la divinidad sino en la razón y la luz era una vía que habría las puertas para seguir despejando caminos en busca de mejores formas de convivencia, pero de ninguna forma el fin de las fundamentacies, el fin de las ideologías o el fin de la historia, como lo han pretendido caudillos que se sienten predestinados o providenciales de naciones supuestamente superiores.
El más influyente y radical pensador de la Revolución que echó bajo el régimen feudal y absolutista, Juan Jacobo Rousseau, defiende magistralmente el carácter general de la Ley de la burguesía, que fue la clase social que aniquiló a la nobleza que junto con él clero católico protagonizaba la dominación material y espiritual. Rousseau fue duramente cuestionado por el temor de que lo público prevaleciera sobre lo privado y la voluntad general terminara por hacer una quimera la libertad como espacio no invadible por el Estado liberal que reemplazaría al Estado basado en las relaciones feudales, lo que dejaba ver claramente la contradicción del nuevo régimen, que en lo económico hacia de la producción una actividad social pero su resultado una apropiación privada. Rousseau siempre advirtió que la parte , por grande que fuera, no dejaría de ser una parte, esto es, que no podía o puede hacerse pasar por el todo. Recordemos que para asuntos cotidianos admite las soluciones mayoritarias pero no para actos fundacionales. Para el pensador ginebrino los legisladores deben ser únicamente quienes eleboren los proyectos que el pueblo, la totalidad, debe decidir. No comulga con la idea de gobierno, no es partidario de la representación.
El filósofo de la ilustración Emmanuel Kant, no obstante que él no llegó a decir que la ley fuera como si la hiciera el pueblo, tiene el mérito de defender en pleno esplendor de las invasiones napoleónicas, el imperativo categórico que fundamento el carácter general de la norma. Como dijera R. C. Kwant, en su libro : la Crítica hace al hombre : la norma con que juzgamos tiene que ser intersubjetiva, es decir, no puedo salir de una ocurrencia, puntada o capricho, tiene que salir del debate, la discusión, la deliberación, el consenso y el acuerdo, acuerdo que , como dice Popper, tendrá vigencia en tanto soporte la confrontación y la contrastación. Nada de que en gustos se rompen géneros. Hasta para emitir un juicio sobre un guiso debe antes nutrirme de sus componentes y procesos de realización para tener los parámetros con que los voy a calificar. Kant pide que el obrar sea como el de la generalidad. Nada de que mi voluntad es la ley. Kwant exige calificación, información, conocimiento de la norma, norma que no puede ser ocurrencia sino acuerdo contrastante y contrastable.
Por qué demandamos que la ley sea general? Porque es mejor estar sometido al todo que al capricho de una parte, porque existe la posibilidad de que, como dice Rousseau, de que ese todo exprese la voluntad del todo si y sólo si, participamos todos, porque de esa manera nos damos al todo pero recuperando la libertad al someternos a una ley, que es realmente nuestra voluntad, la voluntad fáctica del todo, del pueblo.
El peligro es que ese todo, el Pueblo organizado jurídica y políticamente, sea asaltado súbita o sigilosamente por una facción o banda, que, si bien es cierto, en la competencia para arribar al Poder, expresé a una corriente y la votación le otorgue el título para acceder a una función, ignore que fue elegido para ejecutar y aplicar una ley general, no para actuar en beneficio de una facción o una parte y, lo que es peor, desmantele los órganos encargados de producir gobierno y tutelar justicia, pronta, expedita e imparcial, porque destruye las libertades y hace del gobierno un botín como lo hace hoy Morena.
P. I. Stucka, en un libro ya clásico, titulado: La Función Revolucionaria del derecho y del Estado, nos dice: que el derecho es una relación social. Con lo que lo exorcisa y nos permite verlo como lo que es: el medio más eficazmente en una sociedad fragmentada de se valen los poderosos para someter a los desposeídos, que admite alterar por la organización, movilización y concientización de las clases subalternas, lucha que puede ser falsificada por cuatreros, que al hacerse pasar como el verdadero sujeto de la transformación prestan un invaluable servicio, no únicamente tergiversando los objetivos de la causa emancipadora sino sirviendo a una ala patronal, que dice combatir pero que beneficia al empantanar sus reivindicaciones en la distribución del gasto sin tocar el reparto de la riqueza.
La autonomía de que hablan las bandas que se hacen pasar por el pueblo para asaltar el Poder, es respecto a una franja de capitalistas, no respecto a la masa del capital.
Nunca se debiera olvidar que Hilter, hizo llamar a su Partido: Partido Nacional Socialista Obrero Alemán. Que sólo lo realizó para atraer los votos de las masas medias y de trabajadoras, pero nunca hizo nada por los trabajadores y la economía la puso al servicio de monopolios y la Guerra. En su libro Mi Lucha y sus discursos no hay más que calificativos despectivos hacia los demonios de que ofrecía salvar a su nación y , repite y repite palabras como pueblo, bienestar, sacrificio…
Necesitamos un debate a fondo sobre los postulados en boga, que esclarezcan los nubarrones bajo nuestro cielo, con capacidad de darle la bienvenida a todas las opiniones sin prejuicios, sin abordarlas con intransigencia o juicios finalistas. Luciano Canfora, autor de varios textos sobre política, expresa que: La clase ( no resiste este uso arbitrario una crítica, pero valga su exhorto) intelectual es la que hace funcionar los centros neurálgicos del mundo hegemónico. Es esa clase a la que hay que atraer hacía la crítica ( Crítica de la Retórica Democrática. Página 107 ); llamado que podemos pasar inadvertido porque si confiamos en el cambio pacífico y legal, tenemos que convencer para vencer. Que no es fácil, es cierto, más cuando unos parece que escriben para hacernos saber que todavía viven, otros no quieren salir de sus templos, no pocos dan la impresión de no querer anotar sus aureolas y uno que otro sabe que la congruencia no es su fuerte, pero el caso es que hay que escribir para contribuir esclarecer y descifrar los códigos de las mafias del poder. Hay que hacerlo porque tanto a nivel nacional como a nivel local, los morenos están gastando mucho dinero en reclutar paleros que tienen como función magnificar sus mentiras y trampas, al grado de que hacen pasar como periodistas antigüos seudopoliticos y mercaderes del micrófono y la pluma, para impedir que se hable de Roxana y la complicidad que tienen con el crímen.
Es evidente que nuestras leyes no expresan la voluntad general, que esa es una falsedad, pero tenemos que defender ese carácter, porque aunque por ahora sea sólo un ideal, únicamente se puede mantener recuperando las reglas democráticas que nos aproximen a este ideal y restaurando las instituciones republicanas que dirija los abrazos a los ciudadanos y no a los delincuentes.



