Gonzalo Guízar Valladares
En Voz Alta

Norma Rocío Nahle García, gobernadora de Veracruz, es una demócrata. De eso no tengo la menor de las dudas y lo sostengo a partir de que ha ido a las urnas en tres momentos: 2015, 2018 y 2024. Razón por la cuál no tengo empacho en afirmar que no le teme al veredicto ciudadano.

Por ello y por algunos otros aspectos que aquí comentaré, no estoy de acuerdo con las voces que critican la reciente reforma en materia de revocación de mandato. La jefa de las instituciones de Veracruz es una mujer con una praxis política clara y directa.

La conozco desde hace muchos años porque desde Coatzacoalcos libramos cada uno las batallas democráticas que nos tocó y coincidentemente fuimos a la misma boleta electoral en 2015, donde ella ganó la elección por encima de un servidor como candidato del PES, de Rafael García Bringas por la coalición PRI-PVEM y de Gloria Santos Navarro como candidata del PAN.

En ese año: 2015, llegamos juntos a San Lázaro, la ingeniera Rocío Nahle por la vía uninominal y un servidor por la vía plurinominal. En la sexagésima tercera legislatura del Congreso de la Unión atestigüé su indubitable rol democrático como coordinadora de las y los diputados federales de Morena. No retrocedió ni un centímetro en sus postulados y el diario de los debates comprueba lo que aquí escribo.

En 2018 libró otra batalla democrática cuando buscó el Senado de la República por el estado de Veracruz postulada por la alianza Morena, PT y PES, cuando me tocó coordinar la dirigencia estatal de éste último. Y tuve oportunidad de apreciar nuevamente la calidad democrática de Rocío Nahle, quién dejó en segunda y tercera posición a Julen Rementería del Puerto candidato de la coalición PAN-PRD-MC y a Juan Nicolás Callejas Roldán del PRI-PVEM-Nueva Alianza, respectivamente.

Y en 2024 fue a la Elección Estatal, donde participó como candidata a Gobernadora de Veracruz, logrando el triunfo por encima de adversarios que basaron más su campaña en guerra sucia que en una verdadera postulación de propuestas para nuestro querido Veracruz. José Francisco Yunes Zorrilla e Hipólito Deschamps Espino Barros, fueron arrollados electoralmente.

A dos años de esa victoria, pretenden desvirtuar la reforma veracruzana en materia de revocación de mandato, que desde mi óptica representa un equilibrio maduro: por un lado, consagra el derecho constitucional de la ciudadanía a quitar y poner a sus gobernantes, y por el otro, establece los candados institucionales necesarios para proteger la voluntad popular de la manipulación política.

La reciente reforma al Artículo 15 de la Constitución local, aprobada en la semana que transcurrió por el Congreso del Estado para regular el proceso de Revocación de Mandato, marca un hito histórico. Este avance no solamente dota de certidumbre jurídica a la participación ciudadana, sino que se ve potenciado por el papel de la Gobernadora de Veracruz, al respaldar e impulsar activamente este mecanismo, la mandataria demuestra liderazgo, madurez política y disposición a someterse al juicio ciudadano. Es algo
poco visto en el escenario público nacional.

Mientras que en el pasado los gobernantes buscaban blindarse para ejercer el poder sin contrapesos, hoy la Gobernadora de Veracruz decide democratizar el destino del estado. Su postura eleva los estándares éticos del servicio público y hereda a las próximas generaciones una ciudadanía más consciente, activa y empoderada. Con mecanismos que pueden afinarse y mejorarse, pero que hoy ya sientan un precedente histórico.

Para concluir, debo externar que esta reforma evita un uso frívolo del instrumento de la Revocación con el umbral de firmas del 10% de la Lista Nominal distribuidas territorialmente y el requisito de una participación del 40% para que el resultado sea vinculante, logrando un buen equilibrio. La Gobernadora ha entendido que la verdadera estabilidad no nace del control, sino de la confianza mutua entre la sociedad y sus instituciones. Su propio dicho: «Ni grilla ni politiquería», dan con claridad una postura de su legado político.