
Sergio González Levet
Sin tacto
La nación pasa por uno de los momentos más difíciles de su historia; difícil y complicado.
En este peligroso momento, se mantiene entre un Gobierno empecinado en mantenerse en el poder absoluto y defender a sus peores criminales internos, y un pueblo cada vez más dividido y exasperado; enconado contra sí mismo; mantenido artificialmente en la irritación por el grupúsculo que intenta permanecer en el poder sobre la base de la confrontación permanente de los ciudadanos; vueltos enemigos los que deberían ser hermanos para que persistan en el enojo sin cuartel y no piensen debidamente en lo que es mejor para México, que sería obligar a un cambio de la Cuarta Transformación para que deje de destruir instituciones e infraestructura, para que deje de robar, para que deje de mentir.
Ante este imposible orden de cosas, todos esperan que suceda algo por fin.
Los fanáticos del lopezobradorismo confían en que funcionen definitivamente sus marrulleras estrategias para seguir robando, mintiendo y traicionando; para seguir en la cúpula donde pueden disponer de los recursos financieros y materiales del Gobierno, de la fuerza pública, de la inconfesable complicidad de la delincuencia organizada.
Los ciudadanos esperan por su parte que se terminen de caer los gobiernos morenistas y con ellos los funcionarios venales; que sean despedidos los incapaces; que entren en la cárcel los corruptos; que los corruptos devuelvan a la nación todo lo que se robaron…
La desesperación por la espera lleva a muchos a desear ya que los gringos terminen por cumplir sus amenazas y sus promesas, y que Trump entre con sus agencias y sus marines a llevarse a los narco-políticos protegidos por el Gobierno según la orden expresa del Patriarca.
Pero no termina de suceder nada.
Pasan los días y las semanas y los meses: pasó el Mundial con su oxígeno temporal de alegría y fraternidad; siguen pasando las acusaciones flamígeras desde el Congreso de los Estados Unidos, desde la DEA, desde el Departamento de Estado, desde el propio POTUS.
Pero no pasa nada.
Y la impaciencia se empodera de las conciencias y las voluntades. De alguna manera se empieza a disfrazar de desilusión. Los ciudadanos comienzan a descreer que habrá una solución y que se podrá detener, haiga sido como haiga sido, el despeñadero en que está la República.
No pasa nada… aún. Pero la gente continúa, sigue, como nosotros, esperando el día en que este asunto se dé por terminado.
Parece que no pasará nada. Pero la espada está pendiente y a punto de caer.
Paciencia.
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