Pepe Cortés

Hay algo que los xalapeños hemos terminado por normalizar: vivir pendientes del agua.
Muchas familias organizan su vida diaria consultando el calendario de tandeos. Saben qué día llegará el servicio, cuándo deberán llenar el tinaco, almacenar agua o encender la bomba. Lo que debió ser una medida excepcional terminó convirtiéndose en una forma habitual de organizar la vida.
Sin embargo, una capital no debería acostumbrarse a vivir así.
La discusión sobre el agua en Xalapa suele centrarse en la disponibilidad del recurso. Sin duda, ese es un factor determinante. Pero garantizar el suministro depende también de la infraestructura que la conduce, la almacena y la distribuye. No basta con tener agua; se necesita un sistema capaz de llevarla de manera continua, suficiente y confiable hasta los hogares.
Los acontecimientos recientes demuestran que esta conversación debe ir más allá de la coyuntura.
Hace unos días, la Comisión Municipal de Agua Potable y Saneamiento informó que un deslizamiento de tierra dañó una línea de conducción de 16 pulgadas proveniente de la zona del Cofre de Perote, afectando el suministro en diversas colonias. Los fenómenos naturales pueden ser inevitables. La pregunta importante es otra: ¿Qué tan preparado está el sistema hidráulico de Xalapa para enfrentar este tipo de contingencias sin interrumpir el servicio durante días?
Las ciudades modernas no diseñan sus servicios públicos pensando únicamente en los días en que todo funciona correctamente. Los diseñan bajo un principio fundamental: la resiliencia, entendida como la capacidad de absorber un impacto, reducir las afectaciones y recuperar la normalidad en el menor tiempo posible.
La fortaleza de un sistema no se demuestra cuando todo marcha bien, sino cuando enfrenta una emergencia.
Por ello, las constantes protestas vecinales por la falta de agua muestran que el asunto dejó de ser exclusivamente técnico para convertirse en un problema social. Nadie bloquea una avenida por gusto. Lo hace cuando considera que ya agotó las demás formas de ser escuchado. Esa realidad debería llevarnos a discutir cómo evitar que las crisis se repitan, en lugar de reaccionar únicamente cuando ya ocurrieron.
También es justo reconocer que existen acciones en marcha. La CMAS Xalapa realiza reparaciones de fugas, sustituye tuberías obsoletas y ejecuta diversas obras de mantenimiento. Son trabajos necesarios y sería injusto no reconocerlos.
Sin embargo, el mantenimiento no sustituye la modernización.
El propio Plan Municipal de Desarrollo 2026-2029 identifica el agua como el principal desafío de la ciudad y plantea proyectos para fortalecer el sistema hidráulico. A ello se suma el acueducto anunciado en 2025 por el Gobierno del Estado y la Comisión Nacional del Agua para reforzar el abastecimiento durante las próximas décadas.
Todo ello apunta en la dirección correcta.
Ahora bien, los ciudadanos también necesitamos conocer la ruta de ejecución. ¿En qué etapa se encuentra el proyecto del acueducto? ¿Cómo se articula con la estrategia municipal? ¿Cuál será el calendario de inversión? ¿Qué metas concretas permitirán disminuir gradualmente la dependencia de los tandeos?
No son preguntas para alimentar la confrontación política. Son preguntas propias de una sociedad que quiere conocer cómo se resolverá uno de los problemas que más afecta su calidad de vida.
Existe, además, un impacto económico del que se habla poco.
El costo real del agua no termina cuando llega el recibo de CMAS. Para miles de familias xalapeñas, el desabasto se traduce en gastos adicionales que rara vez aparecen en los estados financieros: la compra de tinacos, cisternas, bombas hidráulicas, el mantenimiento de esos equipos, la adquisición permanente de garrafones e, incluso, en algunos casos, la contratación de pipas particulares. Cuando el suministro deja de ser continuo, una parte del costo del sistema termina trasladándose a los hogares.
Ese también es el precio del agua.
Pero, en el fondo, la discusión no es únicamente sobre tuberías, bombas, válvulas o acueductos. Es sobre la confianza.
Un organismo operador del agua no existe para justificar una estructura administrativa. Existe para cumplir la misión para la que fue creado: garantizar que todos los días llegue agua potable a los hogares de Xalapa.
El verdadero éxito de un sistema operador no consiste en administrar la escasez. Consiste en generar confianza. Confianza para que las familias puedan planear su vida sin depender de un calendario de tandeos. Confianza para abrir la llave cualquier día del año y saber que habrá agua.
Y esa confianza también se construye con calidad.
Una ciudad moderna debería aspirar a que sus habitantes puedan beber agua directamente de la llave con la tranquilidad de que cumple los estándares sanitarios. ¿Cuántos xalapeños aceptarían hoy el reto de beber un vaso de agua directamente de la llave de su casa?
La respuesta probablemente diga más sobre nuestro sistema de agua potable que cualquier informe técnico.
Porque el objetivo final no es tener un organismo operador más grande. El objetivo es contar con un sistema de agua potable más eficiente, más resiliente y más confiable.
Cuando llegue ese día, Xalapa dejará de vivir pendiente del calendario del agua y empezará a vivir con la tranquilidad de que un servicio público esencial está cumpliendo con la función para la que fue creado. Ese día habremos recuperado la confianza.
@pepecortesmx

Pepe Cortés es economista y abogado por la Universidad Veracruzana, con estudios de posgrado en Administración Pública y Control y Fiscalización. Es consejero estatal del PAN en Veracruz, analista político y económico, y ex director general de Vinculación y Coordinación Hacendaria de la Secretaría de Finanzas y Planeación del Estado de Veracruz.