Sergio González Levet

Sin tacto

Dos grandes potencias están metidas en sendas guerras contra países menos poderosos, conflictos que solamente han servido para poner en evidencia su condición dominadora, armamentista y soberbia.

     También su falta de moral.

El 24 de febrero de 2022 el sempiterno Presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó que las tropas rusas iniciaran una «operación militar especial», que fue una ofensiva total en contra de Ucrania por tierra, mar y aire. El ataque salió de Bielorrusia, un país satélite de Rusia, y tenía la intención de llegar rápidamente hasta Kiev y completar la invasión, pero la defensa decidida de los ucranianos y el apoyo de recursos financieros y armamento de la OTAN lograron detener el avance invasor, al grado que cuatro años después la guerra continúa sin que haya un ganador previsto.

     La razón fundamental de la guerra es que Ucrania estaba negociando para integrarse como miembro de la OTAN y eso hubiera sido una desgracia estratégica para los intereses de Rusia, pues se hubiera colocado a un aliado de sus enemigos en una nación peligrosamente cercana con la que comparte una gran frontera.

     Por su parte, Estados Unidos e Israel empezaron el 26 de febrero de 2026 una serie de bombardeos en contra de Irán en una operación militar llamada “Furia Épica”.

     En este caso, el pretexto fue una vez más la acusación permanente de que los iraníes mantienen un programa de enriquecimiento de uranio, que conllevaría al desarrollo de misiles nucleares.

     Pese a las explosivas declaraciones de Donald Trump en el sentido de que caería todo el poderío militar gringo en contra del país árabe, y pese a que las bombas mataron importantes líderes políticos y religiosos -que actualmente viene a ser lo mismo en la antigua Persia-, los invadidos mostraron una gran resistencia y los fines invasores no pudieron ser completados a satisfacción por el poderoso ejército norteamericano.

     Invadir un país no es cosa de llegar y decirle hazte a un lado como hacían los romanos. Tanto los ucranianos como los iraníes son la muestra de que ya no es tan fácil imponerse a una nación sólo con la fuerza de las armas, por más poderosas que sean.

     Los gobernados por Volodimir Zelenski -un artista cómico que se convirtió en un extraordinario líder nacional- han utilizado la tecnología para llevar la guerra a las grandes ciudades rusas a través del uso de aviones no tripulados, y los rusos ya están dando muestras de que no les está gustando la idea de Putin de mantener una guerra que para él tiene más el fin de ayudarlo a mantenerse en el poder, que detenta desde el 31 de diciembre de 1999.

     Y los iraníes dieron en el clavo cuando se apoderaron del estrecho de Ormuz, por el que pasa una quinta parte del petróleo que se reparte a todo el mundo, y con eso han puesto en jaque a la economía mundial, y en especial al presidente yanqui frente a su opinión pública.

     Con eso se ha demostrado que invadir no es negocio para nadie, y menos para los poderosos.

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