María Luisa Bandala Pantoja

La voz de la inclusión

Cada mes de julio, en diferentes partes del mundo, se conmemora el Mes del Orgullo de la Discapacidad. Su origen está relacionado con la promulgación de la Ley para Estadounidenses con Discapacidades (ADA, por sus siglas en inglés) en 1990, una legislación que marcó un antes y un después en el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad en Estados Unidos.

Sin embargo, surge una pregunta válida: ¿por qué hablar del Orgullo de la Discapacidad en México si esa ley no pertenece a nuestro país?

La respuesta no está en celebrar una legislación extranjera sino en reconocer que los movimientos sociales pueden trascender fronteras cuando su mensaje responde a una realidad compartida. Así como en México conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo o el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, existen fechas que nos invitan a reflexionar sobre temas universales.

El Orgullo de la Discapacidad representa también una oportunidad para reflexionar sobre la realidad que viven las personas con discapacidad y sobre la forma en que entendemos la discapacidad.

Hablar de orgullo no significa celebrar las barreras, las dificultades o las condiciones que muchas personas enfrentamos, tampoco significa pensar que vivir con una discapacidad es mejor o peor que cualquier otra forma de vivir, significa aceptarnos como somos, con dignidad, y comprender que nuestro valor como personas no depende de la percepción de los demás.

Durante muchos años la discapacidad ha sido vista desde la lástima, la caridad o la sobreprotección; esta visión ha influido en la manera en que se entiende la discapacidad, concentrando gran parte de la atención en la infancia, donde existen programas de atención, rehabilitación y apoyos, sin embargo, conforme la persona crece, pareciera que desaparece de la mirada de la sociedad.

En la vida adulta comienzan otras barreras: continuar los estudios, acceder a un empleo digno, desarrollar un proyecto de vida y contar con las condiciones necesarias para ejercer la independencia.

La discapacidad es diversa, y también lo son las necesidades de quienes vivimos con ella. No todas las personas requerimos los mismos apoyos ni enfrentamos las mismas barreras, reconocer esta diversidad significa comprender que existen distintas realidades dentro de la discapacidad, hay personas que requieren asistencia para desarrollar diferentes actividades de su vida cotidiana y también hay personas que pueden ejercer una vida independiente cuando cuentan con accesibilidad universal e igualdad de oportunidades.

Incluso dentro de una misma discapacidad pueden existir necesidades distintas. Por ejemplo, quienes somos usuarios de silla de ruedas no necesariamente tenemos la misma movilidad ni los mismos requerimientos, aun cuando compartamos un mismo diagnóstico, por ello, la inclusión también implica reconocer esa diversidad y generar igualdad de oportunidades, así como fortalecer la inclusión laboral, educativa y social, además de garantizar la accesibilidad universal para que cada persona pueda desarrollar su proyecto de vida de acuerdo con sus propias necesidades, sin embargo, con demasiada frecuencia, las personas adultas con discapacidad seguimos siendo invisibles.

En México hemos avanzado en el reconocimiento de derechos gracias a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, ratificada por nuestro país, así como a la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, también conmemoramos, cada 3 de diciembre, el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la igualdad, la inclusión y el ejercicio pleno de los derechos humanos. Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

El orgullo de la discapacidad no consiste en decir que la discapacidad es «algo bueno», consiste en reconocer que podemos aceptarnos como somos, con dignidad, y que nuestra condición no debe definir el valor de nuestra vida ni limitar nuestra voz.

El orgullo de la discapacidad no busca la aceptación de la sociedad, sino el respeto a nuestros derechos, respeto a nuestra autonomía, a la accesibilidad universal, a la inclusión laboral, educativa y social, y a la posibilidad de contribuir a la sociedad desde nuestras propias capacidades.

No buscamos ser vistos como víctimas ni que otros decidan por nosotros, buscamos que nuestras voces sean escuchadas y que la diversidad de la discapacidad sea reconocida porque así como respetamos las distintas realidades dentro de la discapacidad, también queremos que se respete nuestro derecho a decidir sobre nuestra propia vida.

El Orgullo de la Discapacidad representa una oportunidad para cambiar la manera en que entendemos la discapacidad; no debe quedarse solamente en un mes de conmemoración o en un día, ni convertirse en una utopía, debe ser una realidad donde las personas con discapacidad podamos vivir con dignidad, igualdad, autonomía y respeto.