Pepe Cortés

¿Cuántas veces puede abrirse, repararse y volver a romperse una misma calle con recursos públicos antes de aceptar que el verdadero problema no es el bache, sino la forma en que administramos nuestra infraestructura urbana?

En Xalapa hemos normalizado los baches. Cada temporada de lluvias se repite la misma escena: reportes ciudadanos, cuadrillas trabajando y anuncios de nuevas jornadas de bacheo. La conversación siempre gira alrededor de cuántos hoyos se taparon, como si ese fuera el principal indicador del éxito de una administración.

Pero estamos haciendo la pregunta equivocada.

El problema no son los baches. Son la manifestación visible de una infraestructura que dejó de administrarse con visión de largo plazo. El hoyo aparece al final de una cadena de decisiones equivocadas, no al principio.

Una fuga de agua que permanece durante días, una mala compactación del terreno, una zanja mal reparada o una calle abierta una y otra vez por distintas instituciones y empresas terminan reduciendo la vida útil del pavimento. El bache simplemente anuncia que algo falló antes.

Lo vemos con frecuencia. El Ayuntamiento pavimenta una calle. Poco tiempo después, CMAS necesita abrirla para reparar una fuga o realizar una nueva conexión. Más adelante llegan las empresas de telefonía, internet o televisión por cable para ampliar sus redes. Cada intervención puede estar plenamente justificada. Lo que no debería estar justificado es que una calle recién pavimentada pierda años de vida útil por una reposición deficiente o por la falta de coordinación entre quienes la intervienen.

Y cuando la reparación falla, aparece otro problema: el ciudadano no sabe a quién reclamar. ¿Al Ayuntamiento? ¿A CMAS? ¿A la empresa que realizó la excavación? La responsabilidad termina diluyéndose entre distintas instituciones mientras el pavimento sigue deteriorándose.

Ese costo rara vez aparece en los informes de gobierno. Se refleja en suspensiones dañadas, llantas ponchadas, rines doblados, mayor consumo de combustible, tiempos de traslado más largos y mayores riesgos para automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones. También se refleja en un mayor impacto ambiental: calles en mal estado generan más tráfico, más consumo de combustible y más emisiones de dióxido de carbono (CO₂). Lo que parece un simple bache termina afectando el patrimonio de las familias, la movilidad urbana, la productividad de la ciudad y hasta la calidad del aire.

Las calles no son solamente vialidades. Son uno de los activos públicos más valiosos que posee un municipio. Cada vez que una calle pierde años de vida útil por una intervención mal ejecutada, no solo se deteriora el pavimento; también se deprecia una inversión financiada con el dinero de todos.

Por eso ha llegado el momento de dejar de celebrar cuántos baches se reparan y comenzar a preguntarnos por qué siguen apareciendo en los mismos lugares. Una administración eficiente no solo reacciona ante el problema; trabaja para evitar que ocurra.

Quizá también ha llegado el momento de incorporar una idea que todavía escuchamos muy poco en el ámbito municipal: un Sistema Municipal de Gestión de Pavimentos. No es un eslogan ni una ocurrencia. Es una forma distinta de entender que las calles no deben administrarse cuando ya están rotas, sino desde el primer día de su vida útil. Tal vez ahí comience la diferencia entre administrar baches y administrar una ciudad.

Las mejores ciudades no son las que más baches tapan. Son las que menos necesitan taparlos.

Una ciudad no demuestra que gobierna bien cuando repara una calle. Lo demuestra cuando esa calle permanece en buen estado durante años porque fue correctamente planeada, construida, supervisada y conservada.

Ese debería ser el verdadero objetivo para Xalapa.

@pepecortesmx


Pepe Cortés es economista y abogado por la Universidad Veracruzana, con estudios de posgrado en Administración Pública y Control y Fiscalización. Es consejero estatal del PAN en Veracruz, analista político y económico, y ex director general de Vinculación y Coordinación Hacendaria de la Secretaría de Finanzas y Planeación del Estado de Veracruz.