Alejandra Herrera
Resulta y Resalta
RESULTA que, en cada proceso electoral, no todos los partidos políticos resultan ser competitivos, pues mientras algunos son una marca, generan votos, cuentan con una estructura y tienen liderazgos, otros tienen como principal fortaleza y mérito saberse acomodar al lado del poder.
Eso pasa con el Partido Verde Ecologista, que vive únicamente de las alianzas y no por convencer a los ciudadanos o contar con votos propios y para ello, basta revisar los resultados de las dos elecciones más recientes.
Sin duda, el partido del tucán no ha logrado consolidarse como una fuerza política con capacidad para ganar elecciones por sí mismo. Su crecimiento, sus posiciones y buena parte de sus triunfos han dependido históricamente de las alianzas con el partido en el poder.
Antes fue el PRI y hoy es Morena, el socio cambió, pero la estrategia sigue siendo exactamente la misma.
Y es que tan sólo en la pasada elección municipal de 2025, el Partido Verde ganó únicamente 12 alcaldías con sus propias siglas, mientras que la coalición Morena-PVEM obtuvo 60 municipios.
Más de ocho de cada diez triunfos donde aparece el Partido Verde fueron posibles gracias a la alianza con Morena y no por la fuerza electoral propia del instituto político, lo que significa que el Verde continúa siendo un partido altamente dependiente de la marca de su aliado.
En la elección para gobernador de 2024 no fue la excepción, en el Distrito 04, por ejemplo, Morena obtuvo 57 mil 611 votos, mientras que el Partido Verde apenas alcanzó 7 mil 502. Es decir, Morena recibió casi ocho veces más votos que su aliado y así fue prácticamente en todo el estado, por lo que la verdadera fuerza electoral de la alianza la aporta Morena, mientras que el Verde simplemente acompaña.
RESALTA que, quien encarna ese modelo en Veracruz es Javier Herrera Borunda, el hijo del exgobernador Fidel Herrera Beltrán, quien ha mantenido durante años el control político del Partido Verde en el estado, al tiempo que desarrolla su carrera en la política nacional como diputado federal y dirigente dentro de la estructura nacional del PVEM.
Sin embargo, la pregunta inevitable es: ¿qué tanto ha crecido realmente el Partido Verde en Veracruz bajo su conducción?
Si el dirigente estatal de facto lleva más de una década administrando la franquicia política y el partido sigue dependiendo casi exclusivamente de las coaliciones para obtener cargos públicos, difícilmente puede hablarse de un proyecto exitoso de construcción partidista.
Y es que un partido fuerte se mide cuando compite solo, cuando gana por sí mismo, cuando desarrolla liderazgos municipales, cuando forma cuadros o cuando construye estructura electoral y precisamente ahí parece encontrarse la principal debilidad del Verde veracruzano.
Hoy resulta complicado identificar una red estatal de dirigentes que recorran permanentemente los municipios, fortalezcan comités o preparen la elección federal de 2027. Más allá de algunos alcaldes o actores locales surgidos de las alianzas, el partido carece de una presencia territorial claramente visible y sostenida.
Esa ausencia adquiere mayor relevancia si, como se ha mencionado en distintos círculos políticos, Javier Herrera Borunda aspira a competir por el distrito federal de Cosamaloapan.
Una candidatura de esa naturaleza exige algo más que presencia mediática o relaciones en la dirigencia nacional, ya que requiere trabajo permanente en territorio, cercanía con los municipios, construcción de estructura y contacto directo con los electores.
Las campañas no se ganan desde las oficinas de la Ciudad de México, se ganan caminando las comunidades, escuchando a los ciudadanos y organizando liderazgos.
Así mientras Morena aporta la mayor parte del capital político, el Verde administra posiciones, consigue espacios de negociación, recoge parte de los beneficios, pero ¿cuándo el Verde va a demostrar cuánto pesa realmente por sí solo?




