Uriel Flores Aguayo 

La Opinión no Pedida

Ya pasó un mes del último partido de la selección mexicana en el mundial de futbol, su eliminación a manos de Inglaterra, y parece ( para mí ) que fue ayer. Lo vivimos con máxima intensidad y quedamos satisfechos con el juego del equipo mexicano . Fue una fugaz y profunda ilusión. Muchas emociones estuvieron en el ambiente y explotaron nuestros sentimientos. Fuimos felices y algunos no lo supieron, como se dice; yo si lo supe. Siempre  es así : se cobra conciencia plena de algo hasta que pasa. Mientras lo vives y ya. Hay mucha ternura en el llanto de los niños en la derrota, como se puede ver ahora en los videos que circulan en las redes sociales; lo sintieron en serio. Pero también entusiasmo ante la alegría desbordada de nuestra juventud y niñez, y de todos, con la marcha de la selección en el mundial: cuatro ganados , 10 goles y noveno lugar general. Se combinaron las generaciones, muchos vivieron su primera experiencia mundialista. El interés, ambiente y participación social fue en natural ascenso durante los partidos. Tal vez no se comprendió a tiempo el impacto que iba a tener el mundial al tener lugar algunos juegos en sedes mexicanas. Un dato concreto del sabor de boca que dejó la selección es ver en calles y plazas,  hasta hoy  , a niños, jóvenes y adultos con la playera de la selección mexicana. Hay que agradecer por esta experiencia y quedarse con esos buenos recuerdos. Ojalá el futbol mexicano cambie y mejore , es un deporte de trascendencia mayúscula en la sociedad y puede ser plataforma de una actitud ganadora para México. En ningún otro momento, espacio o actividad social en general se sienten tanto los colores nacionales; fue una emergencia sólida de identidad mexicana.