Enrique Yasser Pompeyo  

Mesa de Redacción 

A poco más de un año de las elecciones de 2027, en Veracruz comienza a hacerse evidente que la verdadera batalla política no estará únicamente en las urnas. 

Mucho antes de que los ciudadanos acudan a votar, habrá otra disputa, quizá menos visible pero igual de determinante: la definición de quiénes serán los candidatos federales y qué grupos políticos tendrán capacidad para impulsarlos en Morena, PT y Verde.

Las declaraciones del diputado federal Adrián González Naveda colocan precisamente ese tema sobre la mesa.

Su mensaje es claro: las candidaturas no deberían responder a los intereses personales de dirigentes, amigos o grupos políticos, sino a perfiles capaces de representar los principios de la Cuarta Transformación y, finalmente, de obtener el respaldo ciudadano.

Y ahí está uno de los puntos centrales de la discusión rumbo a 2027.

Porque una cosa es tener aspiraciones y otra muy distinta es contar con el respaldo social suficiente para convertirse en una opción competitiva. 

En política, los grupos pueden promover, recomendar y operar; pero al final, si se quiere construir una candidatura con posibilidades reales de triunfo, habrá que medir algo más que la cercanía con un dirigente: la aceptación de la gente.

González Naveda insiste además en la necesidad de mantener la unidad entre Morena, PT y Partido Verde, al señalar que existe una directriz nacional para construir una coalición federal y que las dirigencias nacionales trabajan en los términos de ese acuerdo.

Más allá de las diferencias internas que puedan existir, el mensaje político es significativo: la definición de las candidaturas de 2027 no tendría que convertirse en una guerra entre aliados.

Y es precisamente ahí donde comienza el riesgo.

Cuando los partidos que forman parte de un mismo proyecto empiezan a descalificarse públicamente, a promover determinados perfiles sobre otros o a intentar reducir el peso de sus propios aliados, el problema deja de ser únicamente electoral. 

La confrontación puede terminar debilitando al mismo bloque que pretende competir unido.

La elección de 2027 será particularmente importante para Veracruz. Estarán en juego diputaciones federales y locales, además de otros espacios de representación, y cada partido buscará colocar a sus mejores cartas.

Pero ¿qué significa realmente “los mejores perfiles”?

No necesariamente los más conocidos. Tampoco los más cercanos a las dirigencias. Mucho menos aquellos que simplemente tengan un grupo político detrás.

Los mejores perfiles deberían ser aquellos que puedan demostrar trabajo territorial, cercanía con la población, capacidad política, resultados, honestidad y una auténtica identificación con las causas que dicen representar.

Y, sobre todo, que puedan ganar. Porque una candidatura se puede construir en una oficina, pero una elección se gana en las calles, en las comunidades y en las urnas.

En ese sentido, resulta interesante la advertencia de González Naveda cuando señala que “la Cuarta Transformación le pertenece al pueblo”. 

Más allá de la retórica partidista, el planteamiento contiene una realidad política elemental: ningún dirigente, grupo o corriente puede asumir por sí solo que posee el monopolio de la representación ciudadana.

El gran desafío para quienes tendrán que tomar las decisiones será precisamente distinguir entre los perfiles que tienen padrinos y los perfiles que tienen pueblo.

La diferencia puede ser determinante. Rumbo a 2027, habrá quienes intenten adelantar los tiempos, posicionar nombres, medir fuerzas y construir candidaturas desde ahora. Es parte natural de la política. Sin embargo, también habrá una responsabilidad para quienes finalmente decidirán.

Deberán evitar que las candidaturas sean utilizadas como premios para incondicionales, mecanismos de control de grupos o instrumentos para ajustar cuentas internas.

La ciudadanía observará. Y en una elección competitiva, la percepción de imposición puede convertirse en un problema electoral.

Por eso, la coalición que eventualmente se construya tendrá que resolver una ecuación complicada: mantener la unidad sin sacrificar la competencia interna ni la calidad de sus candidatos.

Porque unidad no significa que todos piensen igual. Unidad significa tener la capacidad de resolver las diferencias sin destruir el proyecto común.

En Veracruz, la selección de candidatos será entonces una de las primeras grandes batallas políticas de 2027.

Morena, PT y Verde tendrán que decidir qué perfiles representan mejor sus intereses y, al mismo tiempo, cuáles pueden ser aceptados por una ciudadanía cada vez más atenta a las trayectorias, resultados y comportamientos de quienes buscan representarla.

La advertencia de González Naveda sobre evitar “grillitas baratas” puede interpretarse también como un llamado a que el proceso no se reduzca a la promoción anticipada de amigos, grupos o favoritos.

Y aquí estará la prueba para las dirigencias: si realmente quieren ganar, tendrán que escuchar más a la sociedad que a los círculos políticos.

Al final, 2027 no premiará necesariamente al que primero levante la mano ni al que tenga el respaldo del dirigente más poderoso. Premiará —o castigará— a quienes aparezcan en la boleta. Por eso, la decisión más importante será elegir correctamente.

En política, imponer a un mal candidato puede costar una elección; pero elegir al perfil adecuado puede convertir una candidatura en un proyecto ganador. 

Y esa decisión, aunque algunos pretendan adelantarla o condicionarla desde ahora, tendrá que pasar por el filtro más importante de todos: el de la ciudadanía veracruzana.

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