Raúl Contreras Zubieta Franco

Frontera Universitaria

Hay una palabra que aparece con enorme facilidad cuando universidades, empresas y organizaciones hablan de proyectos sociales: el impacto. Pero las complicaciones surgen cuando hay que precisar ¿qué significa?, ¿a cuántas personas involucra?, ¿qué es lo que cambia?, ¿durante cuánto tiempo?, y sobre todo, ¿con qué evidencia se sostiene? La convocatoria 2026 del Premio Eugenio Garza Sada ofrece una buena oportunidad para observar esa discusión desde un caso concreto.

Convocado por el Tecnológico de Monterrey y FEMSA, el premio reúne bajo un mismo reconocimiento el liderazgo empresarial humanista, el emprendimiento social y la innovación social estudiantil. Y aunque estos son espacios distintos, con participantes y reglas propias, obligan a responder en una misma dirección: qué resultados justifican que una iniciativa reciba un apoyo económico, visibilidad y reconocimiento público.

El diseño de los estímulos dice algo, a su manera, sobre el tema. En liderazgo empresarial humanista, un millón y medio de pesos se destinan a una asociación elegida por la persona reconocida. Para emprendimiento social, el apoyo asciende a dos millones de pesos destinados a impulsar la iniciativa de la organización. La categoría estudiantil contempla un millón de pesos, de los cuales la mitad se destina al desarrollo del proyecto y el resto a una experiencia internacional ligada al emprendimiento. El dinero, en otras palabras, no llega al mismo sitio porque tampoco cumple la misma función (FEMSA & Tecnológico de Monterrey, 2026).

La categoría de innovación social estudiantil tiene una delimitación importante al estar dirigida únicamente a estudiantes del Tecnológico de Monterrey y la Universidad Tecmilenio, así como a egresadas y egresados de ambas instituciones con no más de dos años de haber concluido sus estudios y menores de 30 años. Ese límite orienta la lectura de la convocatoria: permite entender su alcance real y evita convertir un programa institucional en una representación de todo el sistema universitario mexicano.

Desde su creación, en 1993, el premio ha distinguido 78 proyectos que, de acuerdo con sus organizadores, han beneficiado a más de nueve millones de personas en más de 24 estados del país. La cifra permite dimensionar la trayectoria del reconocimiento, aunque no sustituye la revisión de lo que cada proyecto consiguió, durante cuánto tiempo y en qué condiciones.

Liderazgo, humanismo, innovación, desarrollo social e impacto son palabras fáciles de incorporar al discurso institucional. Probarlas es bastante más difícil.

Que una presentación resulte convincente, o que cuente una buena historia, no basta para asegurar que una iniciativa cambió una comunidad. Falta determinar qué ocurrió, a quién alcanzó, durante cuánto tiempo y qué evidencia permite atribuir ese resultado al proyecto.

Cuando esas palabras forman parte de los criterios de un premio, obliga a traducirlas en criterios comparables y a establecer una distinción puntual: intención y resultado no significan lo mismo.

Trabajar durante años con compromiso no garantiza que una organización pueda probar el efecto de sus acciones; ser creativo tampoco asegura que un proyecto universitario haya encontrado una forma razonable de medir lo que produjo. Reconocer esas diferencias no debilita el trabajo social: lo vuelve más legible.

En la categoría estudiantil, la discusión entra directamente al terreno universitario, ya que las universidades hablan con frecuencia de emprendimiento e innovación social, pero un premio pone esos conceptos frente a proyectos concretos. Eso implica que ya no alcanza con una idea atractiva o un buen discurso de presentación. Hay que explicar qué problema atendió el proyecto, qué decisiones implicó, quiénes participaron y qué evidencia sostiene que ocurrió algo más que una actividad bien organizada.

Este premio puede leerse, entonces, más allá de la ceremonia y del monto económico, pues su centro de interés está, sobre todo, en la vara que utiliza. Reconocer liderazgo o impacto social implica decidir qué significan esas palabras y cuánta evidencia hace falta para sostenerlas.

Referencia

FEMSA & Tecnológico de Monterrey. (2026, 19 de febrero). Convocatoria abierta: Legado que impulsa el cambio, Premio Eugenio Garza Sada 2026 [Comunicado de prensa]. FEMSA. https://www.femsa.com/es/sala-de-prensa/comunicado/convocatoria-abierta-legado-que-impulsa-el-cambio-premio-eugenio-garza-sada-2026/