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En la política veracruzana, las renovaciones en los órganos autónomos raras veces responden a un solo factor. Sin embargo, cuando se trata del Órgano de Fiscalización Superior (ORFIS), el margen para la improvisación debería ser cero. Vigilar en qué y cómo se gastan los recursos públicos de 328 entes fiscalizables exige algo más que simpatía ideológica: demanda un colmillo técnico que solo se desarrolla tras años de lidiar con leyes fiscales, presupuestos y auditorías.

En ese tablero, el nombre de Eric Domínguez Vázquez resalta con un peso específico que pocos aspirantes pueden ostentar. No se trata únicamente de un perfil cercano al grupo en el poder, sino de un cuadro político que ha transitado por las tres esquinas fundamentales del control financiero: la recaudación, la administración del gasto y la fiscalización desde el Poder Legislativo.

Como abogado fiscalista con formación en el Servicio de Administración Tributaria (SAT), Domínguez conoce la letra chiquita del derecho tributario. Pero fue en la LXVI Legislatura del Congreso del Estado donde su figura adquirió dimensión institucional al presidir la Comisión Permanente de Vigilancia. Desde ahí, le tocó revisar con lupa los informes del propio ORFIS y evaluar el comportamiento financiero de los ayuntamientos, dependencias y organismos autónomos. Conoce la fiscalización no desde la teoría, sino desde la mesa donde se dictaminan las cuentas públicas.

A esa visión fiscalizadora se suma la experiencia operativa. Gobernar el municipio de Papantla le dio el barniz territorial y la vivencia directa de lo que significa ejecutar presupuesto bajo el constante escrutinio de las normas contables. Posteriormente, su incorporación a la Secretaría de Finanzas y Planeación (SEFIPLAN) como Subsecretario de Administración y Finanzas, bajo el cobijo de la gobernadora Rocío Nahle, terminó de consolidar su perfil en las ligas mayores de la planeación financiera estatal.

El reto para el ORFIS no es menor. El estado requiere una institución que trascienda la mera revisión formal de papeles y se convierta en un verdadero contrapeso frente a la opacidad y el desvío de recursos.

Eric Domínguez Vázquez llega a esta antesala con una carta de presentación difícil de debatir en el terreno de las capacidades: combina el conocimiento del auditor con la vivencia del auditado. La moneda está en el aire, pero si el criterio de selección prioriza el dominio del arte fiscal y la disciplina en el gasto público, su trayectoria se perfila como una de las piezas más sólidas en el tablero veracruzano.