Livia Díaz
Es difícil imaginar lo que puede llegar a hacerle al mundo un joven con pintura en sus manos.
Emmanuel Cruz tenía 18 años cuando comenzó sus estudios profesionales en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana. Para entonces ya estaba entrando en un territorio que habría de llevarlo de la pintura al gran formato y, después, a los muros de la ciudad.
En su formación aparecen el realismo, el expresionismo, el hiperrealismo y el muralismo. Entre los artistas que reconocía como referentes estaban Rafael Cauduro, Arturo Rivera, Luis Fracchia, Santiago Carbonell y Gottfried Helnwein, además de Dalí, Rembrandt y Siqueiros.
Pero en algún momento la pintura dejó de caber solamente en el lienzo.
En los proyectos documentados de Emmanuel Cruz aparece una relación cada vez más estrecha con el espacio público. En 2013, por ejemplo, dirigió artísticamente El túnel del tiempo y Padre Mercado, Madre de siglos. En este último participaron pintores, artistas vinculados al graffiti, estudiantes y otros colaboradores. No era Emmanuel trabajando solo frente a una pared: su nombre aparece al frente de proyectos colectivos.
En la investigación de Francisco de Parres sobre el street art en México, Emmanuel habló directamente sobre esa manera de trabajar. La intervención artística del Mercado Jáuregui aparece allí vinculada con una transformación en la percepción del propio espacio: un mercado que antes podía ser visto como oscuro o poco atractivo comenzó, después de la intervención, a llamar de otra manera la atención de quienes transitaban por el lugar.
Años después, una nota de Imagen del Golfo resumiría una de las ideas asociadas a su trabajo: Emmanuel Cruz era un creyente de sacar el arte de las galerías.
La frase adquiere otro sentido cuando se observa su trayectoria completa. No se trataba únicamente de llevar una pintura a una pared. Había pintura, muralismo, graffiti, poesía, memoria histórica y participación de otros artistas en un mismo proyecto.
El Mercado Jáuregui permite ver esa combinación con particular claridad. Padre Mercado, Madre de Siglos incorporó la historia del inmueble y del barrio, el trabajo de artistas plásticos y grafiteros y un poema de Saulo Vázquez Aguilar. Emmanuel aparecía como director artístico.
Ahí comienza a verse la dimensión de aquel joven con pintura en las manos: no solamente hacer imágenes, sino llevarlas a espacios donde la gente se encuentra con ellas sin haber entrado a una galería.
La pregunta que queda abierta es hasta dónde pensaba llevar Emmanuel esa idea y qué significaba, para los artistas que trabajaron con él, participar en ella.




