Inocencio Yañez Vicencio
Cuando hoy leemos en La Jornada, estas palabras atribuidas a Claudia Sheinbaum: » La actual Legislatura es el Congreso Constituyente de la 4T», sería difícil darles crédito si no fueran recogidas por el periodico que hoy hace funciones de órgano de difusión oficioso, dijeran ellos: vil pasquín.
Con estas palabras manda al carajito las formas y por fin nos está diciendo que el Estado regido por una Ley Fundamental que establece claramente una tajante división entre Poder Constituyente y Poderes Constituidos, donde los Poderes derivados no pueden modificar las decisiones del Poder Originario, existiendo un Tribunal Constitucional o una Suprema Corte de la Nacion, con la Facultad de hacer valer la Supremacía Constitucional, es decir que una Ley secundaria no contradiga ni procesal ni sustantivamente a la Carta Magna, reservando al Poder Reformador, llámese como se llame, inclusive, como falazmente se le denomina en México: Constituyente, atribuciones para modificar la constitución en el articulado que no la define y que su alteración no desnaturalizada su condición superior, dejando para el Constituyente las dos partes fundamentsles: la parte que tiene que ver con la organización y la división de poderes y la parte dogmática o relacionada al reconocimiento y garantía de los derechos individuales, que tanto Montesquieu como la declaración de la Revolución francesa, expresan que sin estos elementos constitutivos no hay Constitución.
Cualquiera que abra los Diarios de los Debates del Congreso Constituyente de 1917, puede constatar como los presentes de las respectivas mesas, ivan y venían, agregaban y suprimían…, que era gente que habían conquistado el poder de decisión por medio de una revolución armada, que con justa razón, el más grande lógico y formalista del derecho del siglo XX, Hsns Kelsen, en su teoría del derecho y el Estado, que la fracción triunfante tiene el derecho a convocar a los representantes especiales para elaborar el Nuevo Estatuto Jurídico de la Nación. Pero , lo que Morena ha realizado, que equivocadamente se rotulan como reformas, en rigor son contrarreformas y mediante acumulación de acciones cuantitativas ha llegado, efectivamente a cambios cualitativos, al sustituir un país sometido a leyes consensuadas por mandatos que nos dejan en las redes de una sola voluntad, al capricho de una banda, al humor providencial de quien ha anestesiado a las masas a través de programas sociales que se fondean con préstamos, situando a la nación en el umbral de la bancarrota.
Las contrarreformas de la 4T no son en realidad leyes, en primer lugar, porque no son resultado de representantes electos libremente; en segundo lugar, no intervien en igualdad de voz y palabra todos sino únicamente los oficialistas, al grado de que el titular del Ejecutivo, ordena no quitar ni una como a sus iniciativas, presentándose el absurdo de ser de mandados penalmente los diputados que votaron en contra de la iniciativa del ramo eléctrico.
Como en 1933, lo hizo Hitler, habiendo arribado al Poder por la vía electoral, destruyó la división de poderes, sometió a los tribunales, líquidó todos los órganos autónomos, colonizó los órganos electorales, limpió de críticos periódicos y canales de radio y televisión, dejando sólo paleros que llevan el pan a sus hijos manchado de represión y sangre, con el único propósito de perpetuarse en la Presidencia y no rendir cuentas ante jueces independientes.
De hoy en adelante veremos como el brazo político del Narcogobierno y sus testaferros chayoteros, van a tratar con mayor descaro de normalizar la fuerza como derecho y sus actos de saqueo, persecusión, nepotismo y tráfico de influencias.
Morena va a tratar de manipular elecciones con más descaro, pero están reclutando vándalos de la ciudad y la sierra, para arrebatar en la calle, lo que no ganen en las urnas.




