Alejandro Aguirre Guerrero
Al respecto…
Morena terminó de repartir sus cartas rumbo a 2027.
Y en esa distribución hay un dato que quizá merezca más atención que las propias candidaturas: mientras el PT reclama haber sido desplazado, el Verde consiguió colocar a varios de sus perfiles en posiciones clave.
Nayarit y Baja California Sur quedaron en manos de cuadros del PVEM; Quintana Roo también tendrá a Eugenio “Gino” Segura, identificado con el Verde. Y en San Luis Potosí, donde Morena decidió competir por separado, el Verde conserva su propio espacio, y anticipa que probablemente tampoco habrá alianza.
No es un detalle menor.
El Verde lleva tiempo construyendo estructura propia, y entendiendo que una alianza con Morena no necesariamente significa renunciar a una agenda propia.
En Nayarit, por ejemplo, el PVEM obtuvo 9.13 por ciento de la votación válida para diputaciones locales en 2024, por encima del 5.37 por ciento del PT. Morena tuvo 36.01 por ciento.
Es decir: el Verde no tiene el tamaño de Morena, pero tampoco es un partido que llegue a la mesa con las manos vacías.
Y quizá ahí esté la diferencia.
Porque el PT lleva semanas reclamando que Morena no respetó acuerdos sobre el método para definir candidaturas, y ha advertido que podría competir por separado. Incluso dentro del propio PT hay posiciones distintas sobre una eventual ruptura.
El Verde, en cambio, parece haber entendido otra cosa.
Una alianza no consiste solamente en acompañar al partido grande.
También consiste en negociar con él.
Eso explica parte de lo ocurrido en Nayarit, donde Jasmine Bugarín terminó como coordinadora después de que Héctor Santana quedara primero en la encuesta (y Morena aplicara un ajuste de género).
Y explica también por qué el mapa que dejó Morena al cerrar sus 17 procesos no puede leerse solamente como una lista de ganadores y perdedores.
Es una fotografía de la correlación de fuerzas dentro de la coalición.
Morena sigue siendo, todavía, el partido dominante, pero sus aliados (y por mucho el Verde), sabe que el 2027 es la oportunidad para aumentar su propio espacio de poder.
El PT, por ahora, reclama y ruega que lo entiendan en Morena.
Y ahí aparece una pregunta que todavía no necesita respuesta, pero que conviene dejar sobre la mesa:
¿qué pasa cuando un aliado deja de conformarse con acompañar?
Porque Morena puede poner la mayoría de las cartas.
Pero una alianza se juega con las cartas de todos.
Y el Verde sabe jugar con las suyas.
El PT aún está decidiendo si sigue jugando.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
X: @aaguirre_g




