Pepe Cortés
Hay hombres que pertenecen a su tiempo y otros que, con los años, terminan ayudándonos a entender el nuestro. Manuel J. Clouthier, “Maquío”, es uno de ellos. Hoy se cumplen 37 años de su muerte y, al volver a sus palabras, encuentro una frase que conserva toda su fuerza: “No hace falta cambiar de amo, sino dejar de ser perros”.
Ayer, durante el Foro América Libre, el expresidente Felipe Calderón utilizó una imagen que me hizo pensar inmediatamente en Maquío. Habló del puente democrático que los mexicanos construimos durante décadas, el mismo que permitió que distintas fuerzas políticas pudieran competir, ganar elecciones y llegar al poder mediante el voto. Calderón reconoció que Morena llegó democráticamente, por méritos propios y también por errores de la oposición. Su advertencia fue que, después de cruzarlo, hoy pretende dinamitarlo, debilitando los contrapesos y las condiciones que permiten que el poder pueda cambiar nuevamente de manos.
Esa democracia no apareció de un día para otro. Hubo mexicanos que exigieron elecciones auténticas cuando hacerlo parecía inútil, ciudadanos que defendieron casillas, partidos que lucharon por condiciones más equitativas, periodistas que documentaron abusos, organizaciones civiles que exigieron cambios y legisladores que impulsaron reformas para hacer posible una competencia real. Entre quienes abrieron ese camino ocupa un lugar indiscutible Manuel J. Clouthier.
Cuando Maquío recorrió México como candidato presidencial del PAN en 1988, nuestro país era muy distinto. Competir desde la oposición significaba enfrentarse a un sistema que durante décadas había concentrado enormes ventajas políticas. Pero hizo algo que trascendió aquella elección: ayudó a convencer a muchos mexicanos de que su participación podía cambiar las cosas. Antes de transformar las instituciones había que vencer el miedo, abandonar la resignación y entender que el poder podía ser cuestionado.
Después llegaron reformas, nuevas instituciones, elecciones más competidas y finalmente la alternancia. México comprobó que un partido podía perder la Presidencia y entregar el gobierno a otro. Lo que hoy puede parecernos normal costó muchos años de esfuerzo. Por eso no debemos darlo por hecho. La democracia no pertenece al PAN, a Morena, al PRI ni a ningún otro partido. Pertenece a los ciudadanos. Los gobiernos son temporales, las mayorías cambian y las reglas deben estar por encima de todos.
Ahí vuelvo a aquella frase de Maquío: “No hace falta cambiar de amo, sino dejar de ser perros”. Su mensaje no era simplemente quitar a unos para poner a otros. Era mucho más profundo, dejar de mirar al gobernante como dueño de nuestro destino y asumirnos como ciudadanos, conscientes de nuestros derechos y también de nuestras responsabilidades.
Llevo muchos años participando en política y sigo creyendo que ésa es una de las tareas más importantes que tenemos. Ser ciudadano no significa solamente votar. Significa informarnos, organizarnos, cuestionar, exigir cuentas y cuidar las libertades y las instituciones que permiten que mañana alguien distinto pueda ganar. La democracia que recibimos no está garantizada para siempre, cada generación tiene la responsabilidad de preservarla y mejorarla.
A 37 años de su partida, ése puede ser el mejor homenaje a Maquío. No solamente recordarlo, sino defender aquello por lo que tantos mexicanos lucharon. Que el voto siga contando, que el poder tenga límites y que la alternancia siga siendo posible.
Porque ésa era, al final, la enseñanza de Maquío: México no necesita amos.
Necesita ciudadanos.
Pepe Cortés
Economista y abogado por la Universidad Veracruzana. Maestro en Administración Pública y en Control y Fiscalización. Consejero estatal y miembro de la Comisión Permanente del PAN en Veracruz.




