Inocencio Yáñez Vicencio
Estoy convencido que el valor de una persona depende de la causa a la que sirve. No es lo mismo decidirse a servir a las fuerzas que quieren regresar al pasado o conservar el estado importante de cosas, que decidirse a poner todas las energías físicas y mentales al servicio de las fuerzas que apuntan al progreso, pero en política como en otros campos sociales, como dice Weber, se empieza por tomar partido, por abrazar una concepción del mundo, porque el centro es un punto muerto, es elegir la nada, es querer ser idiota, dijeran los griegos, es querer ocupar el espacio de la basura.
En una ocasión le decía a mi amigo Percles Namorado Urrutia, brillante abogado, estudioso, culto, disciplinado y escrupuloso para escribir, muy inteligente, pero como una persona con tantas cualidades; habiendo resuelto muy temprano sus necesidades económicas, que le permitía gran autonomía, gozando de pleno reconocimiento de su honradez, “navegaba entre todas las aguas”, como hombre que sabía el valor de la crítica, en ese momento no me respondió nada, pero después, en nuestras conversaciones traía la cantaleta: “yo navego entre todas las aguas”. Finalmente eso lo defendía como su virtud. Hoy trato de entenderlo. Se creó en tiempos de una hegemonía de un partido que había conquistado el poder por medios revolucionarios. Creo que mi cuestionamiento tenía que ver más con mi incorregible irreverencia que con una falta de consecuencia de su parte.
Los mandarines eran lo que Hannah Arendt describe como producto de la banalidad del mal. No porque recibieran órdenes sino porque cumplían funciones estructurales, estos aunque sí pensaran, pensaban únicamente en seguir las pautas que tenían asignadas.
Hoy enfrentamos un escenario muy diferente al México revolucionario y ya conocimos una enorme aproximación hacia la democracia, producto de flexibilización de un régimen y pactos entre actores interesados en la disputa libre y equitativa del poder.
El desmantelamiento precisamente de las instituciones republicanas y democráticas, para concentrar todo el mando y obediencia en unas solas manos, eliminar los contrapesos, suprimir los órganos autónomos, sustituir los jueces independientes por jueces de acordeón y tómbola, sometidos al partido en el poder, asaltar los órganos electorales para simular las elecciones, para perpetuarse en el poder y gozar de impunidad y no ser llevados a la justicia y cuando un morenista sea procesado, finalmente tenga garantizada la absolución, por mucho que haya saqueado la nación o entregado el territorio al crimen organizado; requiere una categórica definición de la intelectualidad: o está con los depredadores de la nación o está con quienes luchan por revertir las atrocidades de Morena, pero no hay lugar para la indefinición, ni para seguir medrando con bandera sin partido o escudarse en glorias pasadas, padroteando una obra, que si hoy no se define, va a la basura de la historia, porque las presentes circunstancias no admiten ni eufemismos ni medias tintas.
Basta de cortarle la vuelta a esta encrucijada. Ni los políticos ni los intelectuales pueden seguir creyendo que somos menores de edad. Reprobamos a los busca chambas que pasan del PRI o del PAN a Morena vía PVEM o PT, porque tanto PVEM como PT son Morena, en este momento. La campaña de hoy del PVEM es “somos la 4T”. Así que sólo los maiceados pueden aplaudir ese transfuguismo. Por lo que hace a la intelectualidad. Es hora que salga del closet y deje de escudarse en una obra, que al hacerla inútil en este tiempo de definiciones, la convierte en basura. Así que mejor salgan de su madriguera.
Ni siquiera porque una derrota de Lula en Brasil aislaría a Morena, me alegra, porque sus adversarios no quieren la democracia, quieren ponerse de rodillas ante los gringos, que tampoco creo que a la seudoizquierda morenista le interese la soberanía, cuando los programas sociales, con que compra los votos, son fondeados con deuda, deuda con la que los gringos, si en verdad quisieran deshacerse de éstos, cerrando la llave, la colapsaría, pero lo que quiere es simplemente debilitarla para someterla.
La intelectualidad republicana y democrática debe construir una alternativa con lo mejor y los mejores, partiendo que fuera de Morena también existe gansterismo y México ni Veracruz merecen más encapuchados, que ofreciendo libertad nos traigan más entrega al narco y al vandalismo que hoy hace rodar cabezas que un día son de bronce y otro de carne y hueso.




