Miguel Valera
Contraseñas

Una crisis gravísima de salud pública se avizora en el municipio de Banderilla. Estudios en manos de este reportero muestran contaminación en el agua que circula por las tuberías del pueblo chicharronero. Diarreas, tifoidea, disentería, hepatitis, A y parasitosis, en evidencia, en los análisis laboratoriales.

Un problema más para el primer edil, José Antonio San Gabriel Fernández, quien, al modo italiano, vive la Dolce vita, relajado, relajado, relajado, de una forma hedonista, enfocado en disfrutar de los pequeños placeres cotidianos. Los problemas, por muy graves que sean, nomás no los ve ni los oye.

Consumir agua no potable podría provocar infecciones y enfermedades gastrointestinales, causada por bacterias, virus y parásitos, generando diarreas severas, deshidratación, vómitos, fiebre y dolor abdominal, así como afectaciones en la piel.

El no consumir agua potable causa en la comunidad, un deterioro en la salud y se tienen gastos médicos; compra de medicamento, pago de consulta, de hospitalizaciones, incluyendo erogaciones en la compra de agua embotellada o sistemas de purificación, además de pérdida de productividad laboral y escolar.

Los responsables de estos gravísimos hechos, hay que decirlos con todas sus letras son naturalmente el presidente municipal José Antonio San Gabriel Fernández y el director del organismo CMAS Banderilla, el ingeniero Sebastián Ortiz Cruz, así como la Síndica Estefanía Cruz Morales y las Regidoras Myriam Lagunes Marín y Tanya Landa Carmona.

Es un crimen que se les esté dando agua contaminada a la población con coliformes (bacterias, virus y parásitos) muy por arriba de lo que especifica la norma 127-SSA1-2021, sin cumplimiento de la cloración que marca la normatividad.

Los estudios que se realizaron son de varias tomas en las calles Morelos, 5 de febrero, Segunda Privada del Mirador y Delfino Viveros, de las colonias del centro y R. Smith. Los resultados de estos análisis muestran que no se están cumpliendo las normas mínimas para considerar que el agua que están consumiendo las y los banderillenses sea potable.

Como es de todos sabido, hay una escasez intensa de agua en Banderilla, muy por debajo de los niveles permisibles que recomienda la Organización Mundial de la Salud para la supervivencia humana que son 100 litros por persona. En esta demarcación se tienen menos de 50 litros por persona y en tiempos de sequías se agudiza la falta del vital líquido. Esta irregularidad detectada es por la falta de aplicación de recursos para mejorar el sistema del agua potable, lo que bien puede calificarse de un acto de corrupción del alcalde y su cuerpo edilicio.

Otros datos investigados muestran que en la población de niños y adolescentes de 1 a 18 años, debido a la mala calidad del agua, ya se está presentando un incremento muy significativo, arriba de la media nacional, en patologías como diarreas, tifoidea, disentería, hepatitis, A y parasitosis.

Aquí hemos señalado ya que existe un adeudo millonario por irresponsabilidad de administraciones pasadas y la actual, que mantiene al municipio en bancarrota. ¿Las causas? Adeudos a CONAGUA, adeudos de laudos y pago a una compañía por construcción de un colector pluvial. La suma de estos adeudos es de más 95 millones de pesos, lo que ya representa un quebranto del patrimonio del pueblo banderillense.

Las últimas administraciones han dado mucho que desear en este municipio y en la actual ni se diga. Parece que la corrupción es el sello de la casa y lo peor, nos comentan pobladores, que administraciones van y vienen, con todo y las pruebas de corrupción y una negligencia criminal, comprobada, como la del agua contaminada y en Banderilla no pasa nada, las autoridades tan campantes.

Sin embargo, estos datos, que ya empiezan a circular, podrían generar una creciente bola de nieve que podría pasar de la denuncia ciudadana a las denuncias penales porque los responsables de esta grave crisis de salud pública tienen nombre y apellido. Ya veremos qué sucede. Al tiempo, como dicen los clásicos.

@MValeraH