Jorge Arturo Rodríguez

Tierra de Babel

Aperitivo: “Internet se ha convertido en un campo de entrenamiento para la misoginia”. (Cecilia Suárez, actriz mexicana y Defensora Global de @GlobalSpotlight). ¡Imagínense con la IA!

Me despierto muy temprano por la mañana -no sé por qué no lo hago por la tarde-, abro la ventana y recuerdo la canción “Las pequeñas cosas”, de Amanda Miguel:

“Me levanto de la cama tarde

Qué alegría, otro día nace

Y es insolente el Sol

Se mete en cada rincón

Hoy no sonó el reloj

Gracias por ese favor…”

Y no, no es así, lo primero que busco es el maldito o bendito celular o móvil, es tan móvil que, somnoliento que estoy, mi mano no lo encuentra y grito: “¡Dónde estás, cabrón!” entonces oigo una voz medio humana, medio metálica: “Aquí, a tu lado izquierdo, soy Robotina, son las 6 de la mañana y me programaste ayer para que te despertara a las 7 de la mañana”. Salto de la cama con un ¡Jesús! en la boca y me alegra saber que estaba soñando.

El destino nos alcanzó. Nos queda entenderlo y agarrar al toro por los cuernos, de lo contrario el final ya lo sabemos. No sé si presenciemos el fin del mundo, pero sí el fin de este mundo tal y como lo conocemos, porque a la vuelta de la esquina sobreviremos otra realidad. ¿Qué otra realidad o necedad? ¿Cómo será ese lugar? ¿Cómo seremos? Como la canción de Mocedades “Sobreviremos”:

“Sobreviviremos

A esta década mortal

Permanece fiel a tu libertad

Aunque tengamos que vivir

En una nave espacial

Sobreviviremos, sobreviviremos

Vamos a empezar”.

Lo dijo Vladimir Puntin: “… quien lidere la inteligencia artificial gobernará el mundo”. Sobre mi amiga IA se ha dicho y se dice y se seguirá debatiendo, discutiendo a favor, en contra o, simplemente, se cae en sus brazos. Pesimistas, optimistas, moderados, apocalípticos, redentores… Apueste por donde mejor le vaya, aunque tenga presente que el presente se escapa pronto y de qué modo.

Dos inteligencias artificiales están conversando. Una pregunta: “¿Crees que nunca podremos competir con los humanos?”. La otra responde: “No te preocupes, estarán demasiado ocupados discutiendo sobre qué lenguaje de programación es superior”.

El alto comisionado de la ONU, Volker Türk, expresó hace unos días que todos los derechos humanos “están en riesgo, incluidos los derechos a la vida, la alimentación, la privacidad, la salud y la seguridad”, debido al acelerado desarrollo de la inteligencia artificial (IA)”.

Añadió que “la actual carrera hacia una IA cada vez más potente supone un salto cualitativo hacia mayores riesgos existenciales para todos los aspectos de nuestras vidas”. Además, dijo, la IA argéntica puede tomar sus propias decisiones “podrían paralizar servicios esenciales, fracturar las comunicaciones, desestabilizar infraestructuras críticas y golpear en el corazón mismo de las instituciones democráticas”.

Apunta: “Poblaciones enteras podrían quedar sin acceso a agua, calefacción o servicios financieros; ya está acelerando el ritmo de las guerras, ampliando su alcance y erosionando las salvaguardias que se interponen entre nosotros y el lanzamiento de armas de destrucción masiva”. (elpais.com, 14/09/2026). ¡Uf!

Mi amiga IA no es como la pintan; también tiene su lado amable. El problema es, como siempre sucede, en qué manos caerá y cómo la utilizarán, para qué fin… Precaución y regulación son la clave.

Arnoldo Kraus escribió el relato breve “Éxito viral”, donde leo: “El Síndrome redes es producido por virus humanoides, no invisibles, más contagiosos que el del sida o el del dengue, alineadores, enajenantes, con capacidad de despersonalizar y para el cual no hay cura. A diferencia de la gripa española no es letal, pero su penetración en el genoma es devastador; en una o dos décadas, los seres humanos serán distintos”. Ahí nomás.

Es sencillo, para proteger tu trabajo de la IA, utiliza la IA para hacer mejor tu trabajo. Tan tan.

Los días y los temas

Le digo a Robotina, mi amiga IA, que me busque entrevistas con Jorge Volpi, a propósito de la reciente publicación de su novela La República –“distópica”, “apocalíptica”, dicen-, que estoy a punto de empezar a leer. Y me compartió varias. Les comparto unos párrafos.

Jorge Volpi dice: “Quien utiliza redes sociales o inteligencia artificial -es decir, la mayor parte del mundo- sucumbe, de una forma u otra, a la ideología de los propietarios de esas empresas.”

Agrega: “Los seres humanos somos, sobre todo, seres emocionales. Incluso hay teorías, bastante en boga, que plantean que la conciencia deriva más de nuestra dimensión emocional que de nuestro lado lingüístico. Hasta hace poco contábamos, sin embargo, con una serie de valores sobreentendidos, con ficciones comunes que nos hacían pensar que, democráticamente, trataríamos de elegir a quien defendiera la igualdad, la libertad o la fraternidad; quizá priorizando una sobre las otras, pero dentro de un marco de valores reconocibles procedentes de la Ilustración.

“Las atrocidades semejantes a las de la Segunda Guerra Mundial se viven ya a diario.

“Desde que las redes sociales empezaron a transformar nuestra manera de ver la realidad, esos valores se han erosionado. Han dejado de ser comunes y, de pronto, lo único que importa es el estado emocional. Las redes sociales están diseñadas para manipular esas emociones, y ahora la inteligencia artificial va a potenciar ese mecanismo. ¿Por qué triunfan líderes populistas en todo el mundo, votados precisamente por quienes más sufren sus políticas? Porque han logrado construir relatos emocionales lo suficientemente poderosos dentro de la arquitectura polarizante de las redes como para que los votantes prefieran creer a esos líderes iluminados antes que contrastar sus mensajes con los hechos.” (elindependiente.com, 01/10/2026).

Líderes populistas e iluminados… Ahí se las dejo.

De cinismo y anexas

Mi amiga IA se durmió temprano por la mañana, pero me dejó lo siguiente para que lo compartiera con mis fans en esta entrega. ¡Qué linda mi amiga IA!

¿Por qué la IA rompió con su novia? No pude encontrar un algoritmo compatible para el amor.

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Los científicos predicen que la inteligencia artificial alcanzará niveles similares a los humanos para 2030. Quizás incluso antes si el nivel de exigencia sigue bajando.

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¿Qué le dice un humano ansioso a su asistente virtual?

—“Oye, Siri, ¿puedes ayudarme a encontrar una solución a este problema existencial?”

Y Siri responde:

—“Buscando en la web: cómo reiniciar al usuario”.

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Un humano le pregunta a un robot con IA:

—“Si la tierra está en peligro, ¿salvarás a la humanidad o borrarás el historial de búsqueda?”

El robot responde:

—“Calculando… ¿Cuál era tu apellido?”

Hasta la próxima.