Salvador Muñoz
Los Políticos
A Ramón Díaz Ávila le salió lo Mandibulín: Al PT, Morena no lo respeta. Uno pensaría que después de tantos años de relación, tantos votos juntos, tantas reformas compartidas, tantos “sí, mi amor” en San Lázaro y en Palacio de Encanto, y tantos arrumacos electorales, por lo menos habría respeto… Pero no. Al parecer, Morena es de esos amores que empiezan pidiendo la contraseña del celular y terminan quedándose con los amigos, la casa, el perro… ¡y hasta los diputados! Porque al PT veracruzano prácticamente le bajaron una bancada. dejándolo sólo con Ramón Díaz Ávila y Elizabeth Morales García. Dos diputados.
Eso sí: con tanto mando y tan poca tropa, cualquier reunión de bancada parece junta de generales. El ejemplo más sabroso de cómo se fue desgranando la mazorca petista es Chentín Aguilar Castillo. Llegó al Congreso bajo las siglas del PT, pero un buen día descubrió que su corazón siempre había latido guinda. Dejó el partido y se incorporó a Morena. ¡Claro! En política nadie cambia de partido por interés. Todos escuchan una voz interior:
–Vicente… Vicente…
–¿Quién habla?
–¡La Presidencia de la Mesa Directiva!
Y uno tiene que atender el llamado de la conciencia.
Pero faltaba el capítulo familiar porque su padre, Vicente Aguilar Aguilar, durante más de dos décadas uno de los personajes más identificados con el PT en Veracruz, también terminó dejando el partido y en septiembre cerró su ciclo petista y se incorporó a Morena. ¡Qué monito! Primero se fue el hijo. Después se fue el padre. A ese paso, al PT sólo le faltaba que Morena se llevara el apellido, pero no son los únicos.
Los petistas llevan tiempo quejándose de candidatos y alcaldes surgidos de sus filas que terminan acercándose al guinda. Por eso Moncho Díaz soltó ahora una frase que resume perfectamente este matrimonio: “Morena no ha respetado al Partido del Trabajo”.
Y puso precisamente como ejemplo que Morena les quita candidatos. ¡Sopas! Nada más faltó:
–Pero yo sé que en el fondo va a cambiar.
Y aquí hay un pequeño detalle. ¿Morena se los quita? Hasta donde sabemos, Esteban Ramírez Zepeta no llega con una camioneta polarizada, encapucha petistas y los lleva contra su voluntad a una asamblea de Morena. Tampoco tenemos noticia de algún alcalde del PT amarrado a una silla y obligado durante 48 horas a leer Regeneración hasta que grite: ¡Ai muere, ai muere! ¡Afíliame!
No. Se van. Solitos. Como se han ido priistas. Como se han ido emecistas. Y como seguramente algún panista despertará cualquier mañana, se mirará al espejo mientras se cepilla los dientes y descubrirá que toda su vida tuvo profundas convicciones de izquierda.
Porque ése es también el pequeño inconveniente del reclamo petista: Morena abre la puerta… pero son los políticos quienes deciden cruzarla. Tampoco crea usted que Morena es la víctima inocente de esta relación. ¡Ya mero! Porque Morena tiene su propia definición del amor: “Te quiero libre… siempre y cuando votes conmigo”.
Pregúntele a Adrián González Naveda, diputado federal petista por Coatepec, quien ya comprobó que dentro de la 4T existe una regla sentimental no escrita: puedes ser aliado… siempre y cuando votes como aliado.
Cuando en marzo se discutió la reforma electoral impulsada por Claudia Sheinbaum, Naveda votó en contra y aquello cayó como patada de mula.
Desde Morena no tardaron en sacar una de esas palabras que dentro de cualquier movimiento político provocan más escalofríos que una auditoría: traición.
Esteban Ramírez Zepeta reprochó públicamente el voto del petista y del diputado del Verde Jonathan Puertos Chimalhua y hasta les mandó recado para el 2027: Después no quisieran utilizar nuevamente al movimiento para ganar elecciones. ¡Ah, qué bonito es el amor cuando hay libertad!
Si el PT vota con Morena:
–¡Somos compañeros de lucha!
Si el PT vota diferente:
–¡Traidores!
Pero si un petista abandona el PT y llega a Morena:
–¡Bienvenido, compañero!
Entonces Ramón Díaz reclama:
–¡Nos están quitando nuestros cuadros!
Y Morena podría contestar:
–¿Quitando? ¡Si vienen solitos!
Ahí está la maravilla de esta relación.
El PT quiere independencia para votar, pero exclusividad para sus militantes. Y Morena quiere libertad para recibir petistas, pero disciplina cuando los petistas votan. ¡Eso no es una coalición! Es un matrimonio con separación de bienes… siempre y cuando los bienes se los quede Morena.
Naveda, además, pretende reelegirse y ahí la cosa se pone todavía mejor, porque habrá que ver la memoria tanto del PT como de Morena a la hora de negociar quién llevará qué distrito en 2027. Ahí las heridas ideológicas suelen cicatrizar milagrosamente.
–¿No que era traidor?
–Sí.
–¿Y entonces?
–Pues depende…
–¿De qué?
–De cómo venga la encuesta.
Mientras tanto, el PT se reorganiza. Ramón Díaz y Elizabeth Morales tienen responsabilidades dentro de su estructura estatal, igual que el propio Naveda, quien ha participado en la reorganización territorial del partido rumbo a los siguientes procesos electorales y ahora los petistas están consultando si deben competir solos en algunos distritos locales porque dicen que están cansados, que Morena no los respeta, que les quita candidatos, que les quita cuadros, que les quita alcaldes, que les quitó diputados. ¡Caray! A ese matrimonio sólo le falta que Morena se quede con la custodia de Noroña!
Pero no se emocionen. Todavía no hay divorcio. Hay amenaza de divorcio. Y electoralmente son cosas completamente distintas. Porque primero viene la negociación de 2027. Ahí seguramente regresarán las flores. Morena llegará con los chocolates. El PT pondrá música romántica. El Verde apagará las luces. Y empezará nuevamente el reparto de distritos.