Omar Zúñiga
De Primera Mano
Hay nombres que en Xalapa no necesitan presentación, aunque a juzgar por lo visto esta semana convendría hacérsela a quienes hoy despachan en Palacio de Gobierno.
Uno de ellos está en la fachada del edificio de la calle Aguascalientes número 100, en la colonia Progreso Macuiltépetl de Xalapa, es el Centro Estatal de Cancerología (CECAN) “Dr. Miguel Dorantes Mesa”.
La historia de ese inmueble es, en buena medida, la historia de la salud pública veracruzana.
Su construcción comenzó en enero de 1911 y durante sus primeras décadas no fue propiamente un hospital, sino un lugar de atención para enfermos de lepra y tuberculosis, los desahuciados de su tiempo.
En 1946, el doctor Miguel Dorantes Mesa, su primer director, lo convirtió en el Sanatorio Macuiltépetl, dedicado sobre todo a los pacientes tuberculosos, en una época en la que esa enfermedad era sinónimo de muerte lenta y de estigma.
Dorantes Mesa murió en 1968 y, en su honor, la institución tomó su nombre, lo conservó cuando en 1980 se transformó en hospital de especialidades; cuando en 1996 se integró a la Red Nacional de Centros Estatales de Cáncer; cuando en 1997 recibió formalmente la denominación de Centro Estatal de Cancerología, y cuando en 2004 se inauguró el edificio actual.
Los gobiernos pasaron, los directores cambiaron, y el nombre se quedó, lo mantuvo… porque se lo ganó.
El doctor Sergio Miguel Gómez Dorantes es pediatra, con trayectoria en urgencias y oncología pediátrica, y sí, también es nieto de Miguel Dorantes Mesa.
Es también uno de los médicos a quienes la gobernadora Rocío Nahle García despachó con la palabra “show”, luego de las recientes protestas del personal de salud, aquellas en las que médicos, enfermeras y familiares salieron a la calle para denunciar el desabasto, Nahle resolvió el asunto con una etiqueta, es un “show mediático”.
Curiosa manera de referirse al nieto de quien levantó, con mucho menos de lo que hoy se tiene, el sanatorio que terminó siendo el centro oncológico de referencia del estado.
Pero la descalificación no es un exabrupto aislado, es método y lo vimos con el coordinador estatal del IMSS-Bienestar, Roberto Ramos Alor, que calificó de “campaña de odio” las denuncias del personal del Centro de Alta Especialdad Dr. Rafael Lucio en Xalapa.
Y lo volvimos a ver esta misma semana en el Hospital de Alta Especialidad de Veracruz, cuando la gobernadora le espetó a Cora de Jesús Rodríguez, vocera de las madres de niños con cáncer, que ella no era madre de familia, mientras presumía una farmacia de oncología surtida al 95 por ciento. Las propias madres sostienen que los anaqueles se llenaron días antes de la visita.
Cuando el reclamo incomoda, se ataca al mensajero.
El problema es que el mensajero, en este caso, trae credenciales y apellido.
Platiqué con Sergio Gómez Dorantes, no se ha movido un milímetro de lo que ha denunciado; sostiene que en la Torre Pediátrica de Veracruz, por ejemplo, faltan insumos tan elementales como guantes y suturas quirúrgicas.
No hablamos de equipo de alta tecnología ni de un medicamento oncológico de importación: hablamos de lo mínimo indispensable para tocar a un paciente y cerrar una herida.
Pero va más allá, asegura que ni siquiera en el Laboratorio Estatal de Salud Pública de Veracruz hay reactivos que permitan diagnosticar tuberculosis, y lo aterriza en un caso concreto:
“Ahora mismo hay un paciente infantil que histológicamente sugiere la existencia de esta enfermedad, pero no hay un examen de laboratorio que lo pueda confirmar para dar el tratamiento correspondiente”.
Hagmos un alto en este tema…. ochenta años después de que Miguel Dorantes Mesa convirtiera un viejo refugio de desahuciados en sanatorio para tuberculosos, su nieto denuncia que el Estado no tiene con qué confirmar un diagnóstico de tuberculosis en un niño.
La tuberculosis se cura; lo que la vuelve peligrosa es el tiempo que se pierde. Cada semana sin confirmación es una semana de enfermedad que avanza y, si el caso es contagioso, de riesgo para quienes rodean al paciente.
Si eso es show, la respuesta es sencilla, que la Secretaría de Salud y el IMSS-Bienestar exhiban, con documentos y no con recorridos anunciados, las existencias de guantes, suturas y reactivos para tuberculosis en la Torre Pediátrica y en el Laboratorio Estatal.
Es un dato verificable, basta con publicarlo.
Hablamos también de la campaña de odio que se soltó en su contra en redes sociales tras sus declaraciones.
Nada nuevo bajo el sol jarocho, tanto perfiles que aparecen de la nada como amanuenses a pago, mensajes calcados, el intento de convertir a un médico en adversario político para no tener que responderle como funcionario.
Lo paradójico es que quienes desde el gobierno acusan “campañas de odio” cada vez que alguien denuncia desabasto, guardan silencio cuando la jauría se lanza contra quien denuncia.
Y aquí está lo verdaderamente serio, Gómez Dorantes afirma haber recibido amenazas, y responsabiliza directamente a la gobernadora Rocío Nahle de cualquier cosa que pueda sucederle a él o a su familia.
Lo consigno en sus términos: es la denuncia pública de un médico que dice sentirse en riesgo por haber hablado.
No le toca a este espacio dar por probado el origen de esas amenazas; lo que sí nos toca es exigir que se tomen en serio.
Que la Fiscalía actúe, que se otorguen las medidas de protección que correspondan y que la propia gobernadora, señalada con nombre y apellido, sea la primera interesada en que nada le ocurra al doctor ni a los suyos.
En un estado con el historial de Veracruz, ignorar una advertencia así no es prudencia política: es irresponsabilidad.
El nombre de Miguel Dorantes Mesa está en la fachada del CECAN por algo. Sería una pena, y una vergüenza, que el Veracruz de 2026 le respondiera a su nieto con descalificaciones, bots y miedo, en lugar de guantes, suturas y reactivos.
Eso sí que sería un show.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com




